Actitud de autodidacta y personalidad

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Escribir bien es algo que no se aprende nunca de manera definitiva. El ejemplo más relevante lo tenemos en los grandes escritores: ellos son los que más dudan, los que más tachan, los menos satisfechos de sus trabajos, precisamente porque es mayor su sabiduría.

Dicho esto, el arte de escribir podría comprender la lingüística, la lexicología, la estilística, la gramática histórica, la fraseología. Se escribirían un millar de volúmenes y no habríamos de agotar el tema.

Ser catedrático no significa dogmatizar el pensamiento con teoría clásica y reglas, el  estilo y la firma personal lo define cada escritor, aunque a veces es necesario meditar antes de escribir, procurar detenerse y reflexionar antes de lanzarnos sobre un tema “a vuela pluma”.

Hay muy buenos escritores que no estudiaron nunca bajo la tutela de una academia. Sin embargo, ¿qué fue toda la vida sino un estudio continuo del arte de escribir? Leer las obras maestras de la literatura ¿no fue para estos hombres, un constante aprendizaje? En fin, se puede ser un escritor correcto sin necesidad de seguir un curso de redacción o altos estudios universitarios, pero no se puede negar que los estudios facilitan la tarea. Eso sí, es preciso que las normas y reglas no coarten nuestra personalidad y deformen nuestra esencia.

Hay que respetar los consejos estándares cuando provengan de quienes saben más que nosotros, pero sin hacer entrega de nuestro modo de ser interno, sin doblegar o retorcer nuestra personalidad. La maestría y la sinceridad son perfectamente compatibles.

Christopher Gutiérrez

diamantesgopro@gmail.com

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