Con mi ajiley no te metas

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“Cuento que viene a mi memoria desde la ciudad de Mérida, a donde arribamos por los años 70”.

Recuerdo que nos hospedamos en el sector la “Hechicera”, en la parte alta de la ciudad. A los seis meses nos acercamos a visitar la residencia estudiantil de unos trujillanos que se ubicaron en el sector “Glorias patrias”, era propiedad de un trujillano de apellido González; allí había un grupo de estudiantes entre andinos, orientales y maracuchos que todas las noches improvisaban una especie de casino, donde las jugadas sobrepasaban los ingresos que enviaban nuestros padres para sobrevivir; jugaban ludo, dominó, loterías, bingos, pindonga, ajiley y dados.

Yo, llegué a Mérida acompañado de mis dos inseparables amigos Ricardo y Ernesto, ambos muy inteligentes y astutos, pero leales en eso de ser solidarios a la hora de las “chiquiticas”.

Ricardo era el único de los tres, diestro en cualquier tipo de ludopatía, puesto que su tío Rosalino regentó en Trujillo (en una vivienda del sector Alameda Ribas) una “escuela del vicio”, que siempre era víctima de los allanamientos de la autoridad.

Un día mi amigo Ernesto le dio por visitar a los coterráneos y fue invitado a jugar el tradicional Ajiley. Mi amigo por cortesía, aún siendo bisoño en estas lides, aceptó la propuesta y fue víctima de las tracalerías de estos tahúres, que sin compasión lo dejaron mirando para la “vuelta a Lola”, como queriendo irse y pedir la acostumbrada cola hacía Valera. No era para menos, lo dejaron como “talón de mono”.

Al siguiente día nos enteramos, Ernesto todo afligido nos contó todos los pormenores de las trampas que le hicieron; perdió todo, no le dejaron ni para los pasajes.

Días después, bajamos a “Glorías Patrias” Ricardo y quien escribe este cuento, para enterarnos de los pormenores de la trácala y, conocimos y estudiamos a los vivarachos, todos se reían de la campaña que cometieron contra nuestro indefenso jugador.

Mi amigo Ricardo que si era experto en el juego de baraja, se quedó y los midió con su propia vara, esa noche jugó varias partidas y se dejó ganar. Entre los contrincantes recuerdo a un maracucho de apellido Baptista, otro oriental, que salía a cantar con el hoy artista  Gualberto y Barreto, un par de trujillanos que se conocían con los apodos de la “Pava” y el famoso “Guaco”, en cuyos cuartos encerraban a las víctimas.

El maracucho Baptista era la estrella, nunca pelaba el ajiley de copas. Mi amigo Ricardo apeló a un plan infalible para dejar esos “vivarachos”, poniéndoles velones a San Cono; compro tres juegos de barajas de ajiley y me envió una noche a dejarlos en varios sitios de la residencia, así lo hice. EL sábado por la tarde nos dejamos caer como si la cosa no fuese con nosotros; las barajas iban aliñadas y marcadas con el conocido azogue o mercurio blanco, truco que consistía en marcar las cartas con una aguja para combinar la plata líquida con la esperma y así poder saber la liga del contrario.

Comenzada la partida, pude ver como mi amigo Ricardo a media noche tenía la mesa llena de tanto dinero, que la cuarteta de tahúres se quedaron mudos. No era para menos, su estrella, “el maracucho Baptista”, desprendía cheque y cheque de su chequera, al punto que terminó apostando su anillo de graduación, además de su reloj.

Recuerdo que ya adentrada la madrugada se le oyó gritar!

-¡Esto es increíble, tu me estás robando!

A lo que mi amigo le ripostó:

-Con la suerte no hay quien pueda, Onza tigre y león dame fuerza para vencer al ladrón.

Así aprendí que todo juego tiene su trampa. Pasamos unos días inolvidables comiendo como reyes en el ya desaparecido “Hotel Roma” de la ciudad de Mérida. Recordar es vivir.

Saúl Briceño

saulbrifer2011@hotmail.com

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Soy Trujillano,educador,oriundo del municipio Trujillo, he vivido toda mi vida en el barrio " ALAMEDA RIBAS" CONSIDERADO EL " BALCÓN DE TRUJILLO" un hacedor permanente de mi hoja de vida simpre al servicio de la solidaridad fraterna que distingue al andino, soy directo al manifestar mis posiciones ante los embates de la vida, respetando las opiniones de los demás, creo en el ser humano por ser creación de DIOS, simpre reconociendo que somos imperfectos, que uno no más que el otro, lucho contra esos fantasmas que aniquilan el espíritu, me aterra el conformismo, no vine al mundo a ignorar el valor de la vida habiendo tantos caminos para transitar frentes donde podamos dejar pequeñas huellas que alegren la vida a nuestros semejantes.me gusta la lectura donde abunde la metáfora y la prosa, soy cuenta cuentos, escribo cuentos y relatos breves sobre la cotidianidad da la urbe, de sus personajes, humanizo personajes que a diario ironizan la hipocresía de esta sociedad descompuesta. Admirador del ya desaparecido periodísta Kotepa Dlgado de quién recuerdo una frase maestra " ESCRIBE QUE ALGO QUEDA" Orgulloso de ser Venezolano.

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