En la actualidad, resulta claro que la crisis ambiental implica todas las dimensiones del medio ambiente. En el ámbito socioeconómico y político, se manifiestan problemáticas que afectan las condiciones de vida de una parte considerable de la población del planeta, tales como la pobreza, el aumento del desempleo y de los fenómenos de exclusión, el irrespeto a los derechos y a la identidades culturales, religiosas y étnicas de las minorías, la persistente desigualdad de género en los ámbitos públicos y privados, la pobreza, la desintegración social y el analfabetismo, así como significativas carencias en materia de salud, educación, esperanza de vida y alimentación toda esta situación afecta la paz de un conjunto social
En esta ocasión desarrollaré lo que tiene que ver con la crisis y educación ambiental.
La paz es el producto de la satisfacción de las necesidades básicas de la población, pero a la vez, es un estado armónico del ser humano con la naturaleza, consigo mismo y con los demás”
La paz es en sí misma uno de los derechos humanos más significativos, entendidos estos como facultades o posibilidades de los ciudadanos de una nación que les permitan mantener una vida digna; los derechos humanos expresan valores comprometidos con la existencia individual y social. Las agresiones al medio ambiente son manifestaciones de violencia, constituyen una amenaza a la paz y ponen en riesgo la satisfacción de las necesidades básicas de los seres humanos: constituyen, por tanto una violación del derecho a un medio ambiente sano. Debo aclarar que concibo el medio ambiente como unidad compleja basada en la relación hombre-cultura-medio físico-biológico, o sea, incluye el medio natural, el social y el cultural.
Cuando la UNESCO aboga por una Cultura de Paz, no sólo se proyecta por la eliminación del uso de las armas para la solución de conflictos entre naciones o grupos sociales, sino por la eliminación de todo tipo de violencia, incluyendo aquella que lesiona al medio ambiente, a la naturaleza, a la sociedad y a la cultura.
Por eso la vía para alcanzar la Cultura de Paz es la Educación para la Paz que incluye en sí misma la Educación en Derechos Humanos. Se trata de educar para aprender a vivir juntos y de aprender a reconciliarnos con la naturaleza; se trata de salvar la biodiversidad y de salvar la diversidad cultural. Se trata, colegas, de una educación formal y no formal que logre la interiorización de este objetivo a partir de la conjunción de lo cognitivo y lo afectivo, base para una forma de actuar consecuente en la práctica social. Esta sería una verdadera Educación Ambiental, la que no pueda sustraerse de los complejos problemas globales del mundo contemporáneo, de la enorme ola de injusticia social que nos afecta, de los modos de actuación que persiguen el éxito económico a toda costa, aún a costa de las guerras y de las agresiones al medio natural. Una Educación Ambiental que nos prepare para accionar en dirección hacia ese mundo mejor que es posible. Una Educación Ambiental que nos conduzca hacia esa anhelada Cultura de Paz en la que, entre otras, bien podría inscribirse esta sabia advertencia ética de José Martí: “La Tierra no es un regalo de nuestros padres, es un préstamo de nuestros hijos.
En Valle de la Pascua (Guá) donde se está aplicando un proyecto sobre educación para la Paz y la convivencia ciudadana se están tomando en cuenta todas estas consideraciones, el respeto al medio ambiente, con actividades que conducen a la preservación y conservación de zonas verdes y la promoción de una cultura de paz que involucra el cuidado del medio ambiente como una manera de alcanzar la Paz interior a través de sensaciones transmitidas por la naturaleza. Partiendo de esto se establece la necesidad de una comunidad más limpia con ciudadanos que no contaminen, ni ensucien, ni comprometan al ambiente. Siendo consciente de las causas y consecuencias no sólo para el planeta sino para nosotros mismo.
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