Orlando Rosales Rivas | orlandorosalesrivas@hotmail.com.- Trabajo en la E.B. “Granados”, ubicada en la parroquia Granados, municipio Bolívar, Trujillo. Con nosotros trabaja un compañero llamado Wilmer Barreto. Todo el personal de la institución lo quiere mucho por su enorme grado de servicio  y generosidad que siempre tiene entre sus manos.

Wilmer Barreto, desde muy de madrugada (pues su casa está ubicada muy cerca de la escuela) comienza la jornada laboral de todos los días. Wilmer es incansable. Siempre pendiente de que las cosas en la institución se encuentren acomodadas, ordenadas y bajo el mejor de los resguardos.

Uno a Wilmer lo asocia con el café de la mañana y el de la tarde. Con el café de todos los días. Y pese a que la situación está  crítica en todo el país, el compañero Wilmer cada vez que la ocasión se presenta, nos sorprende con la tacita de café. Entonces se nos espantan los sueños y se nos arreglan los ánimos. Y la vida laboral de todos nosotros continúa con su ambivalencia de todas las horas.

¿Cuándo Wilmer le niega el servicio de buena voluntad, con el mejor de los ánimos, a algún directivo de la escuela? Nunca. Y cuando uno le mira la cara siempre con la sempiterna sonrisa. Wilmer, no deja un espacio de la institución que no camine, que no recorra, colaborando, ayudando, trabajando, prestando sus mejores servicios a los docentes, a sus colegas, a los padres y representantes, a los directivos, a las madres procesadoras de alimentos, a toda aquélla persona que generosamente requiere su ayuda, su trabajo de corresponsabilidad.

Y ya cuando la tarde comienza a hacerse intensa, colorada y olorosa a ensueños, miro a nuestro compañero Wilmer y no puedo dejar de asociarlo con el café de todos los días.

Ya estamos cerrando la escuela: allí está la señora directora Aura Salas entregándole las llaves a nuestro querido Wilmer para que deje todo impecablemente cerrado.

Y lentamente, cuando comienza el sueño del crepúsculo, va Wilmer alejándose para su casa por el caminito que comunica a la escuela con su dulce hogar…

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