Christopher Mendoza.- Era casi Nochebuena y Santiago, quien vivía en lo alto de un cerro en Caracas, caminaba ansioso esperando por el regalo que le había pedido al Niño Jesús, pero este año tampoco habría regalo.

Su mamá era cocinera en casa de la familia Lanz  y allí había visto él en una ocasión un arbolito  lleno de regalos, por lo que le pregunta a su madre:

-¿Por qué no tenemos un arbolito como el de los niños Lanz?

Su mamá dejó de preparar la comida y contestó cortante que no había dinero. Su abuela al ver su carita triste lo llevó afuera para que viera los fuegos artificiales que estallaban por toda la ciudad e iluminaban el cielo, la gente festejaba. Solanyi, la vecinita, este año no tendría ni un vestidito nuevo, sin embargo, estaba feliz.

-Miren esa estrella en lo alto ella nos guía hacia el Niño Jesús. Si quieren pueden pedir un deseo -dijo su abuela-.

Ambos pidieron un celular con todas sus fuerzas, pero a cambio tuvieron unos cremosos chocolates que por rato les hizo olvidarse de su regalo.

Por algún motivo que el corazón atesora, aquellas fueron las navidades más felices que Santiago recordaría de su infancia, la estrella de Navidad y el nacimiento del redentor.

 

Christopher Mendoza

hiskoer@hotmail.com

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