Carnavales en San José de Guaribe

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A principios de los ochenta, los Carnavales en San José de Guaribe (Guárico) se podrían definir como una diversión con locura, hacíamos un gran grupo en el barrio Samán Gacho, que se debatía en una feroz lucha con los muchachos y muchachas los otros barrios del pueblo, todos terminábamos exhaustos, empapados de agua y uno que otro cubierto de pintura, en fin era una fiesta que todos disfrutaban. Esos días los habitantes trataban de vestir las prendas más ligeras, en caso de ser mojados en extremo y poder correr con más comodidad. Aunque había uno que otro más loco, como el caso de Leonardo Camacho, que luego de perseguir con un tobo de agua a una joven por más de cien metros, ésta se paró rendida y le dijo: “está bien mójame”, y él luego de echarse el contenido del tobo sobre su cuerpo le gritó: “claro, después que me hiciste sudar, ¿voy a desperdiciar esta agua? Para eso me baño y quedo como nuevo”.

También como aquella tarde que estábamos reunidos en la esquina del barrio, sentados en pleno asfalto y por la calle aparecieron tres siluetas muy elegantes, Agustina y sus dos hijas, vestidas para un parrandón llanero. Había fiesta de Bandola en el Samán de la Candelaria y aunque fuese Carnaval, jamás se perderían esa bailada. Alexis Guaraco al verlas, se levantó de un salto y dijo a todos los presentes: “estas son mías, que nadie me las moje, ese gusto me lo quiero dar de hace varios años”. Todos nos quedamos tranquilos y le susurrábamos que no lo hiciera, pues Agustina tenía fama de bruja en el Pueblo y de una u otra forma sentíamos cierto miedo. Alexis sin prestar atención a los comentarios se paró en plena calle con su balde de agua en la mano como el más feroz de los animales, Agustina al ver su intención comenzó a gritarle entre otras cosas: ¿qué piensas hacer muchacho, acaso no me conoces? Soy la misma que te echa un maleficio y te convierte en sapo, es más no vivirás para contarlo”, su voz quedó apagada con el impacto del agua sobre su rostro, empapadas de agua y retornando a su casa, todavía se les oían los improperios. El lugar se fue quedando solo, todos caminamos a nuestras casas, pensando que al día siguiente veríamos deambular un gran sapo en el sector. Desde ese día comenzó a acabarse la fama de la bruja del barrio y hasta el día de hoy, vemos que Alexis Guaraco camina las Calles del pueblo con más brío y gozando de buena salud.-

Luis Chafardet

chafardluis@hotmail.com

 

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