Ninfa Durán.- Dicen que para morir solo es necesario estar vivo pero, ¿han pensado en todo lo que esto conlleva? ¡Ay, Dios!, primero los trámites. A mí me ocurrió que papá murió en la casa y no supimos a quien llamar; por último, se hizo cargo una funeraria. ¿A quién llama uno en ese momentazo?

Uno está devastada, llorando, angustiada, pidiendo que ojalá no fuera verdad, pero tienes que volver a la realidad, hacer los trámites necesarios, llamar a familiares y amigos para avisar, reunir a parientes y amigos que están lejos, consolar a los más cercanos hablar con los niños, que no entienden qué pasa.

En fin, es agotador luego que sorteas todo esto, llegas a la funeraria en cuestión, cansada, agotada por el corre corre y todavía aguantas a parientes, conocidos amigos, abuela, etcétera, que se te echan llorando y llenándole de mocos la ropa y gritan a tu oído: «¡Ay, lo siento! Se nos fueeeee».

Llegan las tías, a quien no habías visto hace cientos de años y te agarran la cara y te dicen:

-Hola, pechocha. ¿Te acuerdas de la tía Petra?

-No, bendición, ti. Y sales corriendo, hay también otros parientes y hasta una querida le salió a papá, que todos mis hermanos y yo miramos con curiosidad y, yo por ser la única hembra con rabia y rencor.

Si no eres pariente del difunto pero si lo conocías, te pones tu mejor ropa negra u oscura y te peinas y maquillas (primero muerta que sencilla). He visto en funerales de personas pudientes que todos llegan muy peinados como de peluquería. Finalmente, te arreglas y piensas que bueno «pasaré por allí un ratito, después de todo era un buen amigo».

Ya en la funeraria, abrazas a los familiares conocidos, a los desconocidos y te quedas allí con tu cara seria que no sabes a dónde mirar, hay veces que afuera en el patio de la funeraria alguien arma la guachafita, o el jolgorio y se ponen a echar chistes o a jugar barajas.

También sucede que llega la mamá o la tía más querida profiriendo gritos y desmayándose «¡mi niñoooooo!». Y tú, allí entre los espectadores que no sabes si llorar o reír, es tan… no sé como describirlo.

Llegan a veces amigos del difunto borrachitos o ebrios y, entonces, dicen un poco de cosas que ni se entienden, está la persona que más lo amaba, al parecer, y entierra la cabeza en el vidrio de la urna y hay que sacarlo de allí… En fin, todo un momentazo la hora de morir.

 

Ninfa Durán

ninfaduran4@gmail.com

 

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