En esos años de mi infancia, hace unos cincuenta años, las escuelitas se vestían de mucha alegría porque el doce de octubre se celebraba “el día de la raza”, ustedes saben , “el encuentro de dos mundos”-como se decía y aún se dice en otros países-, recordando  el descubrimiento de América por los europeos, independientemente de eso, significó un choque cultural tremendo, en una primera instancia, porque se asesinó indígenas; porque hubo impacto cultural, social, despojo, pillaje, violaciones, dominio de los españoles, explotación y posterior esclavitud de africanos traídos para el trabajo con todo lo que ello implicaba, aquí y allá.

Entonces, las carteleras de la escuela lucían muchos dibujos preciosos, donde los alumnos se esmeraban en pintar sus tres carabelas y algunos se aventuraban en pintar a Colón frente a un grupo de indígenas con caras de sorpresa, en medio de su desnudez.

Desde principios del actual siglo, en Venezuela cambiaron el día de la raza por el día de la resistencia indígena y entonces la idea de celebración del origen de nuestro profundo mestizaje se transformó en un día de congoja; de luto, por el recuerdo del sufrimiento de los indígenas, del despojo de su tierras; y del derrumbe de su organización y costumbre -como dije-.

Ahora, por encima de los encuentros violentos y la sangre derramada en el tiempo, tenemos un pueblo vario pinto resultado de esa mezcla de sangre, dónde nuestros catires son “bachacos”; nuestros negros son “aguarapados” con ojos claros y nuestros indígenas tienen descendientes  con la estatura de un blanco y la belleza de una nueva mezcla, que nos identifica y nos diferencia. Y eso, hay que pintarlo en las carteleras de las escuelitas.

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Luís Alfredo Rapozo Nació en Caracas, D,F el. 19 de Agosto de 1960 Estudió Sociología en la Universidad Central de Venezuela Sus artículos periodísticos han sido publicados en diferentes medios, muy especialmente en el diario El Tiempo, de Puerto La Cruz, donde fue articulista por diez años, siendo miembro del grupo Nuevas Plumas y del grupo Otras Voces con una columna semanal. También sus artículos han sido publicados en diversos medios digitales como REPORTERO24 donde colabora semanalmente durante cuatro años ininterrumpidos, semana a semana. Igualmente, ha publicado en El Republicano Liberal, El Llanero Digital, ¿Qué pasa en Venezuela? Y en otros medios en forma ocasional. Entre los libros que ha publicado se encuentran “Echando Cuentos”, “Entre cuento y cuento”, Negro Primero “El día decisivo”, “Dos años de crónicas” y “Sacalapatalajá” otro libro de crónicas políticas que comprende más de un año de crónicas semanales desde febrero 2015 a Junio 2016. Fue conductor de un programa radial en Anzoátegui “Noticias comentadas” que informaba sobre las noticias más importantes del día a nivel regional y nacional , durante los años 2006 y 2007, en Radio Patria 92.7 FM en Anzoátegui. Finalmente, Rapozo, colabora con Ultimas Noticias en la sección “Echa Tu Cuento” luisalfredorapozo@gmail.com @luisrapozo

1 COMENTARIO

  1. UN RECUERDO VERDE
    LUIS ALFREDO RAPOZO
    Ese jueves Juanito Malatesta brincó de un salto cuando escuchó en la radio que ya eran las 10:30 de la mañana y todavía no había ido al mercado de Quinta Crespo para comprar las carnes y los pollos de la semana.
    Inmediatamente, se puso su blue jeans desteñido por el tiempo, sus sandalias hawaianas y su chemise azul que siempre estaba limpia y disponible para salir cerca de su casa y comprar su periódico por las mañanas. Tomó su bolsa grande de nylon y se fue al carro para bajar como un tiburón con hambre por la avenida Baralt hasta la esquina de Guanábano, donde se consiguió una cola de vehículos, que le estranguló los intestinos hasta la boca del estómago.
    Poco a poco se fue desplazando dos cuadras abajo y no entendía el motivo que originaba el estancamiento de carros echando humo, mientras el calor del medio día hacía su aparición como un fantasma esperado. Pero, entonces, comenzó a ver peatones que no respetaban la luz verde y se lanzaban a las calles como si fueran coleadores en las fiestas de San Fermín, evadiendo los toros enfurecidos con sus cachos puntiagudos vestidos de pellejitos humanos.
    Luego, un enjambre de motorizados con cara de perros, le pasaban a ras de su carrocería dándole golpes a su retrovisor y escupiendo vulgaridades sonoras, mientras sonaban sus chillonas cornetas de “apártate que aquí voy”. La cola seguía y no habían fiscales de tránsito que pusieran orden y las camionetas de pasajeros se estacionaban como les daba la gana en un caos impresionante de “aquí yo hago lo que me da la gana y si no te gusta que me importa”.
    Una ancianita que se “comió” la luz le pedía paso mientras le mentaba la madre y Juanito le dio paso a la honorable viejita y pudo ver que ésta le sacaba un dedo horrendo y torcido por la ventana. Cuando llegó al mercado solo pudo comprar cochino, chicharrón, morcillas y algo de pepitonas porque no había ni siquiera patas de pollo. Guardó todo en la maleta de su carrito y se fue a tomar un té de manzanilla, mientras pensaba en el retorno por un tráfico, que lucía en peor estado por el desorden y la falta de respeto; cuando una paloma volando, le dejó caer en el hombro un recuerdo verde…

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