Mi viejo, mi querido viejo

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      Mi viejo, mi querido viejo. Sus manos muestran los signos de los años vividos y el trabajo arduo del día a día. Sus canas son destellos plateados que ornamentan su cabellera, dándole ese toque de sabiduría. Su voz protectora inspira confianza y se muestra cariñosa cuando dice: “Hijo mío, ¡Dios te bendiga! A lo que yo le respondo: “Amén padre querido, ¡Bendígame toda la vida!”

     Quisiera que el tiempo y los años te devuelvan aquello perdido, que le dé alivio a tus sienes cansadas, y borre las huellas de desgaste de tus manos, que con tanto ahínco labraron la tierra. Que la brisa roce tu cara, te susurre al oído cosas hermosas, acaricie tu pálida frente y te regale en el aire su perfume de rosas… Padre, elevo mi voz para que me escuches y la “gran muralla” que es la distancia no impida nuestro encuentro. Ojalá puedas recibir el llanto agradecido de este hijo que te extraña tanto.

     Gracias a Dios por haber tenido a un padre, a un ser maravilloso que junto a mi madre me dieron la vida. A pesar de que no vivamos juntos, padre querido, te llevo siempre presente en mi mente. Las lágrimas corren por mis mejillas y en mi pecho late el corazón intensamente. Las oraciones a diario son las letanías en las cuales le ruego a Dios para que no te aparte de mi vida.

     Agradecidos debemos de estar por tener a un padre, a alguien en quien podamos confiar y abrazar cuando estemos tristes… valoren el cariño de sus padres y el de sus madres, ya que ellas a veces les toca ejercer el rol paterno en el hogar. Ahora que están vivos no pierdan la valiosa oportunidad de demostrarle su cariño, pues el tiempo transcurre muy rápido frente a nuestros ojos. ¡Feliz Día del Padre! ¡Feliz Día Papá!

Jean Carlos Bastardo González

yanky2001@hotmail.com

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