Aquel tumba’o

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Sandra Santaella. Carmelina, caminaba con sus tacones y su tumba’o por aquel boulevard cuando, de golpe, perdió el equilibrio, resbaló y se cayó; Román, la vio a través de la cortina de una lúgubre pensión, dejó su trago y corrió a socorrerla.

La cartera de lentejuelas hizo un círculo en el aire y cayó en la arruinada acera rayando sus anteojos. Román los limpio ágilmente con su manga gris.

Él, distingue sus lúcidos ojos a través de los vidrios rayados, quedando prendado a una mirada azul que el cristal vetado era incapaz de ocultar.

Carmelina, con una voz entre nerviosa y dulce, agradece el insigne gesto e intercambiaron afables palabras, acompañadas  de una melodía que salía de un auto cercano.

-Debo marcharme pero prometo no olvidarme de su gesto noble y desinteresado, prométame usted no olvidarse de esa bondad que debe continuar en su transitar -dijo ella.

A Román, solo le quedó seguir con su vista desde aquella acera, aquel tumba’o que lo dejó casi perplejo, casi fascinado, casi tumba’o.

 

Sandra Santaella

santaella.sandra@gmail.com

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