Dios para el caído

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Saúl Briceño Fernández.- Cuando el pesimismo es el colmo de todo, ¡Ni el burro es animal! Así lo recordaba el maestro Raúl Gil para referirse a aquellos hombres del campo, que teniendo tierras ricas para el arado se rehusaban a sembrar y producir.

En mi vida de estudiante -década del setenta- era común compartir estudios con compañeros provenientes de los campos. Así conocí a dos de ellos, cuya empatía anidó una hermandad; uno se llamaba Eligio y el otro Manuel, ambos oriundos de un pueblo llamado “San Lázaro”, ubicado en la serranía de los andes trujillanos.

En unas vacaciones de semana Santa -a solicitud de Eligio- viajamos a aquel hermoso paraje y pueblo colonial, apreciando su paisaje bucólico, río, costumbres, creencias, leyendas, mitos, su gente, su vocación agrícola, su indianidad legada de nuestros ancestrales Timoto-cuicas; un abreboca para quién quiera comprender de dónde venimos y como nos hemos echado a perder en esa “pandora” que llamamos civilización.

En la vivienda de Eligio, ya cayendo la tarde y al abrigo de un fogón, oímos de boca del señor Honoré -padre de Eligio- una historia o anécdota sobre dos familias vecinas cuyas tierras eran bendecidas para la agricultura, sin embargo, una vivía próspera y otra en pobreza extrema.

La primera familia sembraba y su cosecha era vendida en la ciudad, regresaban con mercancía y distintos utensilios para satisfacer las necesidades del hogar; no así la otra familia, pues solo tenían piedras en la huerta.

Un día bajaron a vender piedras y se burlaban de ellos, regresaban tristes y frustrados; hasta que uno de ellos baja al templo a oír la misa dominical y escucha al cura dando un sermón donde hacía alusión a quienes pierden la fe y esperanza: «Esas son piedras muertas, hay que darle vida con el ejemplo del señor que nos cubre de gloria». Eso fue suficiente para que la familia tomara las piedras amorfas y comenzaran a tallar imágenes del santo y venerable Dr. José Gregorio Hernández, fueron prósperos y hoy tienen un museo donde exponen piedras vivas convertidas en imágenes.

Con fe lo haces, Dios lo bendice.

 

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Soy Trujillano,educador,oriundo del municipio Trujillo, he vivido toda mi vida en el barrio " ALAMEDA RIBAS" CONSIDERADO EL " BALCÓN DE TRUJILLO" un hacedor permanente de mi hoja de vida simpre al servicio de la solidaridad fraterna que distingue al andino, soy directo al manifestar mis posiciones ante los embates de la vida, respetando las opiniones de los demás, creo en el ser humano por ser creación de DIOS, simpre reconociendo que somos imperfectos, que uno no más que el otro, lucho contra esos fantasmas que aniquilan el espíritu, me aterra el conformismo, no vine al mundo a ignorar el valor de la vida habiendo tantos caminos para transitar frentes donde podamos dejar pequeñas huellas que alegren la vida a nuestros semejantes.me gusta la lectura donde abunde la metáfora y la prosa, soy cuenta cuentos, escribo cuentos y relatos breves sobre la cotidianidad da la urbe, de sus personajes, humanizo personajes que a diario ironizan la hipocresía de esta sociedad descompuesta. Admirador del ya desaparecido periodísta Kotepa Dlgado de quién recuerdo una frase maestra " ESCRIBE QUE ALGO QUEDA" Orgulloso de ser Venezolano.

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