La patrona de los escritores

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La hermosa hermana Carmelita me ofreció un café para cerrar nuestro almuerzo y entonces una amorosa hermana hizo mención al gigantesco cuadro de Santa Teresa de Jesús que estaba en el lobby y que era un replica similar de un pintor francés de finales de 1700.

Me decía que en el año 2015 se cumplieron 500 años del nacimiento de la Santa y madre fundadora de la congregación, que en consecuencia estaban viviendo un tiempo de alegrías por la celebración. Yo lo celebré como si se tratara del onomástico de un ser cercano para mi y le dije, en son de chanza, que sería propicio un brindis e inmediatamente me tomaron la palabra y corrieron a buscar un vino y nos tomamos una copita en recuerdo de la gran madre.

La conversa se extendió por unas dos horas y pude enterarme de muchas cosas interesantes sobre Santa Teresa de Jesús, como por ejemplo que era la patrona del escritor de habla española y que de sus restos se hicieron varias reliquias que se regaron por el mundo; que actualmente están en varias iglesias europeas, además, el Generalísimo Francisco Franco tuvo hasta el día de su muerte una mano de la Santa.
Yo me había tomado unas tres copas de vino, pero me sentía extrañamente confuso como si hubiese despertado en otro mundo.

No encontraba palabras para poder explicar cómo mis huesos habían ido a parar allí, después de sentirme atraído por la belleza espiritual de una monjita que se me parecía a Sofía Loren y me enseñó a respetar a la patrona de los escritores.

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Luís Alfredo Rapozo Nació en Caracas, D,F el. 19 de Agosto de 1960 Estudió Sociología en la Universidad Central de Venezuela Sus artículos periodísticos han sido publicados en diferentes medios, muy especialmente en el diario El Tiempo, de Puerto La Cruz, donde fue articulista por diez años, siendo miembro del grupo Nuevas Plumas y del grupo Otras Voces con una columna semanal. También sus artículos han sido publicados en diversos medios digitales como REPORTERO24 donde colabora semanalmente durante cuatro años ininterrumpidos, semana a semana. Igualmente, ha publicado en El Republicano Liberal, El Llanero Digital, ¿Qué pasa en Venezuela? Y en otros medios en forma ocasional. Entre los libros que ha publicado se encuentran “Echando Cuentos”, “Entre cuento y cuento”, Negro Primero “El día decisivo”, “Dos años de crónicas” y “Sacalapatalajá” otro libro de crónicas políticas que comprende más de un año de crónicas semanales desde febrero 2015 a Junio 2016. Fue conductor de un programa radial en Anzoátegui “Noticias comentadas” que informaba sobre las noticias más importantes del día a nivel regional y nacional , durante los años 2006 y 2007, en Radio Patria 92.7 FM en Anzoátegui. Finalmente, Rapozo, colabora con Ultimas Noticias en la sección “Echa Tu Cuento” luisalfredorapozo@gmail.com @luisrapozo

1 COMENTARIO

  1. La cámara oculta
    UNO
    Ese día me levanté bien temprano, entonces cargué mis paquetes con el material de trabajo, el equipaje y tomé un taxi para que me llevara al terminal de pasajeros de autobuses en Bello Campo para abordar e irme a Maracaibo y trabajar por unos días. Yo me quería ir en avión, pero la empresa que me contrató no quiso asumir los gastos y de esa manera emitieron dos boletos por vía terrestre. Ir a Maracaibo en autobús de día es una cosa demasiado estresante, cansona y yo rumiaba palabras nada decentes ante esa situación…
    Yo sabía lo que me esperaba, pues hace algún tiempo me pasó algo parecido y cuando llegué de noche a Maracaibo, decidí que más nunca haría ese tránsito a menos que me llevara mi carro y yo me tomara mi tiempo para ir con mucha comodidad y pararme donde me diera la gana…entonces, me llevé mi bolso de mano cargado de chucherías, mi celular inteligente, películas en CD, libros para leer, revistas y muchas cosas como si fuera una abuela viajando con una gran cartera llena de cosas indispensables.
    Cuando subo al autobús y localizo mi puesto, me consigo con mi compañero de viaje que para mi sorpresa, era una monja.
    La saludé inmediatamente, me le presenté y le dije “…que seríamos compañeros de viaje por unas doce horas y que esperaba tener un viaje ameno a su lado”.
    La señora casada con Dios asintió con su cabeza y me regaló una sonrisa que detallé con cuidado y me di cuenta que era una mujer joven, de hermosos ojos azules, blanca como la leche y muy hermosa. Yo pensé –sin querer-que la mujer parecía una modelo, que nada le envidiaría a una actriz de cine; a una mujer ligada al modelaje, al mundo farandulero. Entonces, me puse a mirar para todos lados, pensando que me estarían mamando gallo con alguna cámara indiscreta, oculta, con algún jueguito perverso, pero no vi nada que indicara tal cosa.
    No crean que la mujer era delgada como si solo se alimentara de ostias. Nada de eso. Pude ver claramente entre sus piernas cruzadas que Sofia Loren era una niña de pecho ante sus encantos. Por eso seguí haciéndome el musiú ante la posibilidad cada vez más posible de que una cámara estuviese grabando desde un huequito.
    Cuando salimos de Caracas, fue que me hice a la idea que no había una cámara oculta, entonces cerré los ojos memorizando la frase "…que esa señora estaba casada con Dios y que las monjas no tienen sexo como si fuera una de esas muñecas para que jueguen las niñas."
    El asunto de la monja
    DOS
    Como a las 9 de la noche el autobús entró en el anden de la empresa de transporte. Yo aparté la cortina roja y pude ver a través del ventanal a mucha gente esperando a sus familiares. Me despedí de la monjita con quien había pasado unas doce horas de viaje y ella me dio unos teléfonos en una tarjetita que decía “Hogar de Ancianos San José”. A ella le esperaban unas hermanitas y un hombre que seguramente era el chofer y fue quien tomó el equipaje modesto de la mujer. Yo fui recibido por el profesor Montiel quien era docente en la Universidad Cecilio Acosta en la carrera de Comunicación Social y con quien trabajaría por un mes aproximadamente haciendo tres o cuatro estudios simultáneos y recogiendo una data importante para elaborar tablas que permitieran el análisis de la realidad nutricional, habitacional, empleo, etc., en el oeste de Maracaibo.
    Tan pronto llegué al hotel bajé nuevamente a la recepción y me presté a conversar con Montiel mientras tomábamos unas cervecitas bien frías y escuchábamos música en una rokola preñada de ballenatos y merengues.
    Le dije que me había quedado impresionado con la monjita, que si no es porque lleva el hábito puesto, uno nunca se imaginaría que fuese una mujer dedicada a la iglesia en cuerpo y alma. Entonces, Montiel me dijo que todo lo que hubiese intentado con esa mujer sería en vano, porque las monjas no tienen cuca.
    ¿Quién aguantaría a la prensa jodiendo a cada rato, para enterarse de la vaina?
    TRES
    -¿Cómo me vas a decir Montiel-le dije- , que las monjitas no tienen cuca? ¿Acaso se te han volado los tapones de la cabeza con tanto calor o es que crees que yo soy un niño de pecho? Por supuesto, que las monjitas tienen su buena herramienta, ni que fueran seres diferentes o asexuales.
    -Te explico-me dijo el profesor Montiel-, cuando una mujer se convierte en monja, no piensa más nunca en sexo y la cosa es tan intensa que la cuchara se le seca y por la mente no le pasa ni un mal pensamiento, solo usan la rajita para mear .
    -¿De dónde sacas eso?-le dije-. Yo entiendo perfectamente que una mujer realice sus votos de abstinencia sexual, pero no dudo que en algún momento le traicione el inconsciente y de repente la cuchara le pique de tal manera, que tenga que ir al confesionario y decirle al cura que le arde la mucura y le palpita el deseo…eso puede pasar. Tal vez no se lo diga a nadie, se lo guarde, vamos a consentir en ello, porque no es normal que una monjita vaya a la farmacia a comprar pastillas y calmantes de la fogosidad …
    -Yo digo que la cuchara a una monja se le desaparece, se le esfuma, se le transforma de tal manera, que pierde todo su atractivo y la pobre mujer no le provoca darse unos besos a solas, tu sabes, unos auto besos…
    -Una vez me enteré que en Cuba consiguieron en los sótanos de un monasterio una cantidad enorme de fetos enterrados y se supone que eran de las monjitas, quienes tenían relaciones ocultas con los padres..
    -Eso son cuentos de camino. Aquí en Maracaibo, nunca se ha visto una monjita preñada, caminando por esas calles-me dijo-
    -Bueno…por supuesto. Si alguna vez sale una monjita preñada, lo más seguro es que deje la iglesia y salga a la vida mundana, o aborte y la escondan, o en ultima instancia digan que la preñó el espíritu santo. Pero, eso no creo que lo hagan porque… ¿Quién aguantaría a la prensa jodiendo a cada rato, para enterarse de la vaina?
    Un gran rosario en el pecho
    CUATRO
    Mi primera semana en Maracaibo trabajando el proyecto de recolección de data iba viento en popa. Yo me sentía muy contento porque había logrado compactar los equipos de trabajo y dispersarlos estratégicamente por todo el oeste en forma muy armoniosa. El profesor Montiel había logrado un buen esfuerzo de reclutamiento entre los estudiantes de la Universidad marabina escogiendo jóvenes entusiastas y trabajadores. Eso, me permitió llevar lo mejor posible la muestra e ir cumpliendo con las necesidades estadísticas que requerían el estudio con todas sus variables controladas, que permitieran una data excelente, limpia e idónea reflejada en unos resultados óptimos y confiables.
    Entonces, el primer viernes ya mi trabajo iba estupendamente y comencé a pensar en la ciudad; en visitar la Basílica donde está “La Chinita”, caminar un poco por el centro, comprar algunas cosas y disfrutar de la gastronomía marabina.
    Antes de salir de mi habitación estuve poniendo en orden mi multifacético bolso y allí estaba la tarjetita que me entregó la monjita después de despedirnos. Estuve detallándola y así fui que me di cuenta que ella pertenecía a la orden de las hermanas Carmelitas. Dudé mucho en conservar o no sus datos. Pensé muchas cosas. Pero, al final me confronté y decidí llamarla para ver si podía visitarla y verla de nuevo.
    Llegué a pensar que no prestaría la menor atención; llegué a dudar en llamarla y yo mismo me preguntaba ¿Para qué la voy a buscar, que interés podría tener una monjita en encontrarse con un compañero ocasional de viajes?
    Cuando hablé con ella por teléfono supe que estaba en una Fundación y me quedé gratamente sorprendido por su interés en vernos y entonces acordamos mi visita en una vieja y preciosa edificación donde operaba la congregación de hermanas. Si, esa mañana fui a ver a “Sofía Loren” vestida con un hábito negro y un gran rosario en el pecho.
    CINCO
    Tres docenas de flores blancas
    Cerca de mediodía me encontraba comprando tres docenas de flores blancas para llevarle a la monjita, también compré un libro de Historia porque ella me había dicho durante nuestro viaje, que era licenciada en letras y le encantaba leer todo lo que podía sobre nuestra historia contemporánea. Entonces, no se me ocurrió otra cosa que llevarle un libro de Simón Alberto Consalvi que trabaja la biografía del General Gómez.
    Cuando llegué a la confraternidad de hermanitas Carmelitas, lo primero que vi fue un inmenso cuadro de Santa Teresa de Jesús, que estaba de frente en toda la entrada del lobby y era imposible no extasiarse en admirarlo. Era una replica, por supuesto, de un pintor francés llamado Francois Gerard donde se observaba a la fundadora de las Carmelitas Descalzas con sus ojos negros, sus cejas pobladas, su piel clara, sus hermosas y delicadas manos , y una intensa mirada de mujer inteligente y poeta. Así la estaba percibiendo cuando fui interrumpido por la monjita, quien venía acompañada por cinco hermanas de edad, que parecían un jardín de alegría y dulzura. Entregué mis presentes y tres hermanas corrieron a colocar las bellas flores en tres floreros claros que fueron llevados inmediatamente a un salón de oración y luces, donde se veneraba a la madre Santa Teresa de Jesús. Allí-sinceramente-, pedí disculpas por sentir atracción mundana por la bella monjita, al entender la devoción y santidad de estas mujeres dedicadas al amor más excelso.
    Hicimos un recorrido por la Fundación y entonces me invitaron a almorzar un estupendo hervido, para luego sentarnos a conversar en un viejo recibo de cedro, que seguramente tenía trescientos años de historias.
    La patrona de los escritores.
    SEIS
    La hermosa hermana Carmelita me ofreció un café para cerrar nuestro almuerzo y entonces una amorosa hermana hizo mención al cuadro de Santa Teresa de Jesús que estaba en el lobby. Me decía que en el año 2015 se cumplieron 500 años del nacimiento de la Santa y madre fundadora, que en consecuencia estaban viviendo un tiempo de alegrías por la celebración. Yo lo celebré como si se tratara del onomástico de un ser cercano para mi y entonces, le dije en son de chanza que sería propicio un brindis e inmediatamente me tomaron la palabra y corrieron a buscar un vino y nos tomamos una copita en recuerdo de la gran madre. La conversa se extendió por unas dos horas y pude enterarme de muchas cosas interesantes sobre Santa Teresa de Jesús como por ejemplo que era la patrona del escritor de habla española y que de sus restos se hicieron varias reliquias que se regaron por el mundo y que actualmente están en varias iglesias europeas. Incluso, el Generalísimo Francisco Franco tuvo hasta el día de su muerte una mano de la Santa.
    Yo me había tomado unas tres copas de vino, pero me sentía extrañamente confuso como si hubiese despertado en otro mundo. No encontraba palabras para poder explicar cómo mis huesos habían ido a parar allí, después de sentirme atraído por la belleza física y espiritual de una monjita que se me parecía a Sofía Loren y me enseñó a respetar a la patrona de los escritores.

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