La triste historia de un amor virtual

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Saúl Briceño Fernández.- Ahora sí es verdad que cupido, Porfirio Rubirosa, Albertico Limonta y Jean Carlos Simancas se quedaron en las páginas del recuerdo. Mi padre llegó a tener tres mujeres al mismo tiempo que vivía con mi mamá, llegando a conocer 27 hijos entre hembras y varones – así lo cuenta Manuelito – el hijo menor de un “Don Juan”, de esa camada de padrotes que regaron hijos por todo el suelo venezolano.
Antes solo se necesitaba una serenata, una cartica, una fiesta, un velorio para coronar la escapada con la novia, un lleva recados o una cadena de piropos bien administrados. Ahora no es así – comentaba Manuelito – el amor es un río que trae nuevas aguas, se necesita manejar nuevas herramientas, sin olvidar aquellas imperecederas consejas poco lindantes con el mundo de Romeo y Julieta, y muy cerca del inolvidable Otelo de William Shakespeare: “Dando y Dando”, “Amor con hambre no dura”, “Si me viste no te conozco”.
No me queda más que decir, que las formas de enamorarse están cambiando y que las redes sociales también pueden ayudar a encontrar a un verdadero amor y no sólo encontrar chicas, que sólo buscan amigos con derecho a todo, sin ningún tipo de formalidades, es decir, que sólo buscan divertirse y guindarse de las consejas que anoté anteriormente. Con decirte – decía Manuelito – en sus acostumbradas tertulias  con su compañero de cuarto llamado Joselo, que un día me registré en las páginas de Badoo, Amor en Línea y en otras que no recuerdo, allí hice contacto con infinidad de chicas con las cuales chateaba y buscaba con afán mi afinidad con muchas de ellas, hasta que un día me conseguí una chica que cumplía con el formato que a mi parecer era la mujer ideal de mis sueños. Llegamos ambos a ser la pareja perfecta pero de manera virtual, ella al otro lado de la pantalla, nos intimidamos tanto que pasábamos toda una noche chateando, cada uno flechando hasta las intimidades más profundas del alma y del sentimiento, llegamos a creer que la vida era imposible el uno sin el otro. Joselo, al oírme se quedaba extasiado con lo que él consideraba apreciaciones fantásticas,  donde privaba la emoción más que la razón y me alertaba que tuviese cuidado sino era yo víctima del síndrome del amor platónico que tanto daño hace al que se enamora solo. Recuerdo que sólo le respondí: ¡Joselo! El Amor es ciego. A lo que él me respondi:, mi abuela Anatolia siempre me decía: “Amor de lejos, amor de pendejos”.
Pasando por alto las advertencias de mi amigo, llegó el día del viaje por conocer mi alma gemela, ella se llama Berenice, una guapa y bella chica de 22 años, y yo rondando las 42 primaveras. Berenice vivía en Cagua, estado Aragua. Allá me esperaba en el terminal las Delicias, acordamos identificarnos por el color de la vestimenta, yo iba ataviado con chaqueta y pantalón blue jean. ella vestida con bragas de pana color negro y blusa amarilla, las demás características ya estaban copiadas en nuestra imaginación. Al vernos en pleno pasillo del terminal sentimos el amor abrir sus alas. Lo demás lo hizo la inocencia.
Me ubicó en un hotel que después supe que era de “mala muerte”. Allí pasó de todo en cuatro días, recuerdo que siempre me insistía sobre mi estatus, propiedades y todos esos sondeos que de manea disimulada increpaba sobre mi cartera, cuentas bancarias y tarjetas de crédito,  que hacían presumir que estaba en presencia de una caja registradora. Salíamos por las tardes a los centros comerciales y regresaba como San Nicolás full de ropa y de cuanto detalle se le atravesaba en las vidrieras de los comercios. Al quinto día, dijo que tenía que ir a su casa a reportarse para no causar alarma con su ausencia. Esa misma noche me visitaron unos malandros en mi hotel y queda todo dicho lo que pasó, pues pasé 15 días en terapia intensiva, sin cartera, íngrimo y solo.
Después supe que la dama no se llamaba Berenice, era una delincuente cibernética utilizada como señuelo para atrapar galanes cibernéticos. ¡Ah rigor como me duele no haber escuchado las advertencias de mi amigo! En las avenidas virtuales viaja todo tipo de escombros humanos.
Saúl Briceño
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Soy Trujillano,educador,oriundo del municipio Trujillo, he vivido toda mi vida en el barrio " ALAMEDA RIBAS" CONSIDERADO EL " BALCÓN DE TRUJILLO" un hacedor permanente de mi hoja de vida simpre al servicio de la solidaridad fraterna que distingue al andino, soy directo al manifestar mis posiciones ante los embates de la vida, respetando las opiniones de los demás, creo en el ser humano por ser creación de DIOS, simpre reconociendo que somos imperfectos, que uno no más que el otro, lucho contra esos fantasmas que aniquilan el espíritu, me aterra el conformismo, no vine al mundo a ignorar el valor de la vida habiendo tantos caminos para transitar frentes donde podamos dejar pequeñas huellas que alegren la vida a nuestros semejantes.me gusta la lectura donde abunde la metáfora y la prosa, soy cuenta cuentos, escribo cuentos y relatos breves sobre la cotidianidad da la urbe, de sus personajes, humanizo personajes que a diario ironizan la hipocresía de esta sociedad descompuesta. Admirador del ya desaparecido periodísta Kotepa Dlgado de quién recuerdo una frase maestra " ESCRIBE QUE ALGO QUEDA" Orgulloso de ser Venezolano.

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