En la década de los 50 habían tres parroquias en el municipio Trujillo que sobresalían en sus fiestas patronales: San Jacinto de Palermo, Santa Rosa de Lima y Chiquinquirá; cada una de ellas, tenía su advocación en su santa o santo patrón.

En estas festividades eran un deleite por la diversidad de espectáculos que se presentaban: el globo iluminado que daba inicio al festejo; piñatas, cohetes multicolores, bombas pirotécnicas, baile de la cinta, el toro de la otra vida, que hacía correr por la cantidad de cohetes que se desprendían de su anaquel corporal; carrera de “enmochilados”, era una competencia, donde cada participante debía lleva un fardo; el “palo encebado” era un tronco de clavado en forma vertical, cubierto de grasa, donde el participante debía escalar hasta la cima, donde le aguardaba un pote lleno de billetes de cien bolívares de los de antes, además, de un vale para retirar un aparato de uso doméstico  en los almacenes de la localidad.

A las tres de la tarde soltaban un “cochino” afeitado y engrasado, cuyo peso sobrepasaba los sesenta kilogramos; los participantes en par debían capturar el porcino y devolverlo a la tarima, allí recibía el ganador un premio y el derecho a llevarse el trofeo y degustarlo en su vivienda; luego venía el “baile de la cintas multicolores” que se van tejiendo en el palo al son musical, donde se funden las raíces indígena, africana y española.

En la parroquia Chiquinquirá estas fiestas eran promocionadas por un excelso cultor: Don Ignacio Cegarra, para nosotros personaje ícono de la referida parroquia. La carrera de burros era una competencia donde participaban burros y jinetes de los sectores San Isidro, Barbarita de la Torre, la Chapa, Sabanetas, entre otras, presentaban los mejore burros, competencia que cubría tres 6 cuadras bajando desde el Sandoval hasta la plaza “El Carmen”. La mayoría de los jinetes quedaban tendidos en pena calle, luego que el burro comenzaba a  “corcovear” por la algarabía que formaba el público espectador.

El día sábado se ofrecía a la chiquillería una caravana por las calles de la ciudad, amenizada con repique de campanas, música de antaño, fuegos artificiales y golosinas que avivaban aún más los festejos. La fiesta patronal terminaba con una procesión con la imagen de la Virgen de Chiquinquirá. A mundo mi Trujillo de la Paz, sólo recordarlo nos embriaga  de nostalgia por un mundo que fue mejor y que llevamos en la epidermis del ser Trujillano. El folklore es la manera de hablar del pueblo en colectivo.

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Soy Trujillano,educador,oriundo del municipio Trujillo, he vivido toda mi vida en el barrio " ALAMEDA RIBAS" CONSIDERADO EL " BALCÓN DE TRUJILLO" un hacedor permanente de mi hoja de vida simpre al servicio de la solidaridad fraterna que distingue al andino, soy directo al manifestar mis posiciones ante los embates de la vida, respetando las opiniones de los demás, creo en el ser humano por ser creación de DIOS, simpre reconociendo que somos imperfectos, que uno no más que el otro, lucho contra esos fantasmas que aniquilan el espíritu, me aterra el conformismo, no vine al mundo a ignorar el valor de la vida habiendo tantos caminos para transitar frentes donde podamos dejar pequeñas huellas que alegren la vida a nuestros semejantes.me gusta la lectura donde abunde la metáfora y la prosa, soy cuenta cuentos, escribo cuentos y relatos breves sobre la cotidianidad da la urbe, de sus personajes, humanizo personajes que a diario ironizan la hipocresía de esta sociedad descompuesta. Admirador del ya desaparecido periodísta Kotepa Dlgado de quién recuerdo una frase maestra " ESCRIBE QUE ALGO QUEDA" Orgulloso de ser Venezolano.

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