Las rayas del señor Iván

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El señor Iván es un sexagenario muy conocido y apreciado en Altagracia de Orituco, sobre todo en su seno familiar. Desde sus tiempos de veinteañera juventud acostumbra “reposar” a diario y durante horas en un chinchorro, que siempre ha hecho colgar cercano a una pared de tal modo que le permita mecerse golpeándola con el dedo gordo del pie, por lo que, a pesar de lo suave del golpe, le abre un hueco en el golpeadero que hace tapar frecuentemente para no perder distancia, lo cual revela lo repetitivo de sus “largos repososos”.

En cierta ocasión sintió dolores muy intensos en la espalda y malestar general que lo afectaron por varios días. La medicina casera no hacía el efecto deseado y el padecimiento se agravaba, lo que angustió a un grupo de sobrinos suyos, quienes lo llevaron al consultorio del doctor Ramírez; éste ordenó, entre otras cosas, que se le hiciera una radiografía del tórax, la cual generó dudas en el galeno cuando procedió a examinar la placa respectiva, porque observó una serie de líneas que cruzaban ambos pulmones en diferentes sentidos, sospechando que el caso era muy grave, de compleja atención y ameritaba su traslado urgente a Caracas como medida preventiva, debido a lo delicado y extraño de aquel cuadro clínico, pues nunca había visto algo parecido en tantos años de experiencia profesional.

Los sobrinos se desalentaron con esa opinión, pero al ver la placa radiográfica le dijeron al médico: que no se preocupara porque eso era consecuencia de los “excesivos reposos” de su tío, que esas rayas correspondían a las cabuyeras sueltas del chinchorro que ya estaba viejo y desgastado. Ante esta inaudita confesión, el doctor no pudo contener las carcajadas, aunque recomendó un tratamiento que incluía la toma de relajantes musculares y analgésicos, el cambio del chinchorro por otro en buen estado y, lo más difícil de cumplir, la disminución de las horas de reposo.

Carlos A. López Garcés

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