Las travesuras de Elisaúl

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Dicen en mi casa que tengo memoria de elefante. Me acuerdo de unas bromas que más nadie se recuerda. Cuando nos reunimos familiares y salgo con alguna anécdota, todos ríen, hasta los que no habían nacido cuando eso pasó.

Una vez que me dejaron en casa de La Abuela Ángela no sé porque, -tendría yo como tres años-, lo cierto es que me mandaron con mi tío Elisaúl. Eso fue de Ba. Unión a Las Brisas de Petare, en el trayecto por la calle La Línea, una vía angosta donde alguna vez pasaba un tren que iba a Los Valles del Tuy, bordeando al Guaire. Mi tío, que sería un chamo de doce años me decía:

-Quédate aquí, no te muevas, ya vengo.

Y subía por promontorios de tierra y lanzaba piedras no se a donde ni a qué. Luego bajaba, caminábamos otro trecho y volvía a decir:

-Quédate aquí, no te muevas, ya vengo.

Volvía a subir por otro promontorio de tierra y empezaba a hacer lo mismo que antes. Así lo hizo varias veces hasta que llegábamos a casa, donde estaba mi mamá.

A los días se encontraron mi abuela y mi mamá. Y mi abuela le pregunto:

-¿Cómo estaban las hallaquitas que te mandé con Elisaúl?

-¿Hallaquitas?

-Sí, las que te mande el día que te llevó al niño.

-No, el no me llevo ningunas hallaquitas…

Llamaron a mi tío y preguntan por el mandado y se puso a llorar…

-¿Te las comiste?

Y mi tío no encontraba que decir:

-“Las bote al río porque estaban piches…”

-Pero si eran de la mañana.

Un regaño y ya. Ahora, después de tanto tiempo, un día recordando las travesuras de mi tío, es que me doy cuenta que por un lapsus mental de Elisaúl, las hallaquitas fueron a dar al Guaire, junto con las piedras que lanzaba al río…

Gerardo Galíndez G.

triplege.com@gmail.com

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