César Alarcón.- Unas de las cosas que me identifica como caraqueño es el cerro Waraira Repano (cerro Ávila), más que un ícono de nuestra capital, es su pulmón vegetal, el que le proporciona oxígeno y la mantiene verde y saludable; sin duda, un símbolo de mi vida y el reflejo de muchos de los momentos más bellos y significativos de mi historia personal.

Recuerdo un día que estaba triste y cabizbajo por estar distanciado de mi familia; un amigo de la residencia estudiantil, donde vivía para entonces, me convenció de ir a “subir el cerro”, con el detalle de que no contaba con mucho dinero, solo con lo necesario para sobrevivir la semana. Sin embargo, esto último no fue impedimento para ascender desde la plaza Altamira hasta Sabas Nieves, punto final de nuestro recorrido.

Entre risas, charla, hidratación y descansos excesivos, complementado con la maravillosa vista de la ciudad, todo fue ameno y agradable. Sin duda, no hay tristeza, pena de amor, preocupación, amargura o rabieta que un buen momento no arregle, la naturaleza se convierte en el escenario perfecto para disfrutar y compartir de experiencias que nos llenan de felicidad.

Para mí, el Ávila, es el sitio donde se contiene gran parte de mi felicidad, donde he compartido grandes hazañas de mi vida al lado de mis familiares, amigos y demás seres queridos; es el lugar donde cada uno puede obtener una historia o construir su propio relato, a fin de cuentas, “el cerro” es el sitio ideal donde se reúne la diversidad que convive en el interior de nuestra Capital.

 

César Alarcón

alarcon-blanco@hotmail.com

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