Cuando era niño, por allá en la década de los 60, viviendo en El Retiro, al norte de Caracas, mi amigo Henry y yo, esperábamos la llegada de mi padre que venía del trabajo para que me regalase una locha.

Subíamos para donde la bodega del señor Eloy y comprábamos cinco caramelos Vaquita, de los cuales yo agarraba tres y le daba dos a mi amigo. Cuando era el señor Mora que le daba la locha a Henry, él tomaba tres caramelos y me daba dos.

Una vez mi papá me regaló la locha, y cuando el señor Eloy puso los cinco caramelos sobre el mostrador, Henry tomó tres, le dije que le correspondían dos, pero se negó a darme mi caramelo y terminamos peleando. Yo era gordito, más fuerte y creo que le gané la pelea, pero no me dio mi caramelo.

Hoy, Henry es mi compadre y amigo. La otra vez recordando me reclamó que yo lo había golpeado por un caramelo Vaquita y yo le respondí:

-No compadre, yo no lo golpeé por un caramelo Vaquita, yo lo golpeé por abusador.

Luis Quintero

luisg.quintero@hotmail.com

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