Michael Abraham Otero | michaelotero08@hotmail.com.- Vivir en Caracas es apreciar una hermosa vista y disfrutar de una agradable compañía, es decir a cualquier mujer que es bella, es olvidar el tiempo mientras compartes con tus amigos, es comer una buena arepa con un jugo tropical, es el Ávila, son las sonrisas, los amaneceres y la bondad de un desconocido. El amor a una gran parte de ti, es la virtud oculta en cien mil corazones.

Vivir en Caracas es la paranoia constante, es madrugar sabiendo que puedes llegar tarde, es lidiar con el rencor y la viveza, es el hambre de un mendigo, es la revancha de un caído, es la inseguridad, es el miedo, es resignarse a lo incierto y la desidia, es esconderse tras los problemas de una sociedad conformista. Es la noche misteriosa y sus silbidos de muerte. Es el odio a un lugar en tu memoria…

Caracas es la vida en un paraíso bajo las reglas de demonios, es la creencia en una especie de ying yang maquiavélico, la esperanza escondida en la tierna mirada de un bebé, es un karma instantáneo y una eterna disputa, es escapar a la cima del mundo y luego devolverte por un camino oscuro e incierto donde no podrás tener ventajas. Es dormir con sueños y despertar con pesadillas, es también todo lo contrario. Es lo mejor de un pequeño mundo del cual no queremos escapar, porque quizá no podemos o porque quizá somos optimistas.

Mientras vivamos dentro de ella la odiaremos, la querremos, la abandonaremos y regresaremos. Estaremos constantemente situados en el punto medio de un matiz en el horizonte.

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