El arpón había atravesado el pecho de Nelson y estaba sentado en la silla con los ojos abiertos, pensando, decidiendo qué hacer, sacando cuentas, evaluando las consecuencias, buscando soluciones definitivas.

Nada servía, el apón seguía allí de parte a parte; dolía, molestaba, lo hacía incómodo todo: ¿y ahora?, ¿qué hago ahora? Una solución sencilla era irse, marcharse y ya; no, en ese momento era imprudente, tal vez en dos meses sí.

Seguro en dos meses podría dejar todo esto atrás, alejarse, ¿escapar?. No se puede escapar de algo que te perturba desde adentro.

Tres horas después se despertó en la silla y seguía el dolor del instrumento metálico, del arma. ¿Por qué?, ¿tan malo he sido?, ¿tan aborrecible soy?, ¿lo merezco? Sigue esperando a que el dolor se disipe. No ha llorado. Quiere salir y sale; y al arpón con él.

Dennis Rodríguez

ensel69@gmail.com

SIN COMENTARIOS

Dejar una respuesta