El perro y el pez

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Cuando niño, con mucha frecuencia visitaba el río Hueque. Un día caminando por sus riberas observé un perro que corría de un lado a otro como queriendo atrapar algo en el agua, de momento no le presté mucha atención y continué caminando hacia la cascada, disfrutando de un hermoso atardecer que siempre nos regala la naturaleza.

De regreso vi de nuevo al perro repetir el vaivén, con mucho cuidado me le acerqué, y observé un enorme pez que nadaba alegremente como jugando con el perro, simplemente comprendí que eran amigos y desde ese momento todas las tardes me acercaba a observar su manera de divertirse. Me sentí comprometido a cuidar de ellos sin saber a quién pertenecía aquel amigo fiel.

Un día, vi llegar un grupo de muchachos de muy corta edad. Ellos traían consigo cañas de pescar y redes para el mismo propósito, y de inmediato pensé: “van a atrapar el pez que yo había contemplado por mucho tiempo”, y de una manera u otra eso me entristeció, ya ellos eran parte de mi historia. Gracias a Dios que ellos tomaron un rumbo diferente y comprendí lo perfecto que es el amor.

Raimundo revilla

raimundorevilla@hotmail.com

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