El terraplén era un inmenso terreno, casi virgen que quedaba a unos pocos centenares de metros de la Av. Sucre, en Caracas. Era inmenso. Quedaba una casita al lado de una mata de mango y otro casita muy lejos al borde de la quebrada, que bajaba de el cerro El Ávila y que en otros tiempos era cristalina, pero debido al crecimiento de la población de mediados de los años cuarenta se estaba tiñendo de negro, de marrón y hasta de verde, dependiendo de las lluvias, de la sequía y de lo que la gente lanzaba a sus aguas indiscriminadamente.

Yo llegué a ver desde la casa donde vivía  la catira  Nilyen-les hablo de finales de los sesenta-, perros muertos hinchados flotando en sus corrientes, cerdos y hasta una vaca que murió ahogada durante  un terrible invierno, que no nos dejaba dormir, ni ir a la escuelita.

Pero, en esos días cantábamos bajo la lluvia “que llueva, que llueva, la  vieja está en la cueva, los pajaritos cantan…” y gozábamos un mundo viendo la furia de la corriente pasar cargando cosas; a las aves buscando refugio en las matas del terraplén y tratando de descubrir si era un gavilán, un zamuro, un perico, un azulejo, un cristofué o un pájaro negro “arranca pelos” que nunca faltaba.

Un día llegó una caravana de camiones, rojos, amarillos, verdes, anaranjados; cargados de láminas, barras y muchas cajas de hierro para instalarse en el terraplén. Estuvieron como una semana limpiando, aplanando e instalando sus estructuras. Luego, vinieron más camiones con carpas, elefantes, tigres, osos, perritos y muchas personas, enanos, gordos, gigantes, barbudos, bailarinas, además de casas rodantes, caballitos, carritos chocones, patos, pájaros que volaban dando vuelta y muchas taquillas, quioscos: era un circo en nuestro terraplén.

Un día se fueron, pero los niños no nos pusimos a llorar ni a lamentar su despedida, porque recuperamos nuestro terraplén, justo en el momento en que empezaban a llegar las mariposas y entonces, nosotros salíamos a cazarlas con una bolsa echa de papel periódico y en ese tiempo gané el honor de conseguir la mariposa más grande con cara de búho, si señor…

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Luís Alfredo Rapozo Nació en Caracas, D,F el. 19 de Agosto de 1960 Estudió Sociología en la Universidad Central de Venezuela Sus artículos periodísticos han sido publicados en diferentes medios, muy especialmente en el diario El Tiempo, de Puerto La Cruz, donde fue articulista por diez años, siendo miembro del grupo Nuevas Plumas y del grupo Otras Voces con una columna semanal. También sus artículos han sido publicados en diversos medios digitales como REPORTERO24 donde colabora semanalmente durante cuatro años ininterrumpidos, semana a semana. Igualmente, ha publicado en El Republicano Liberal, El Llanero Digital, ¿Qué pasa en Venezuela? Y en otros medios en forma ocasional. Entre los libros que ha publicado se encuentran “Echando Cuentos”, “Entre cuento y cuento”, Negro Primero “El día decisivo”, “Dos años de crónicas” y “Sacalapatalajá” otro libro de crónicas políticas que comprende más de un año de crónicas semanales desde febrero 2015 a Junio 2016. Fue conductor de un programa radial en Anzoátegui “Noticias comentadas” que informaba sobre las noticias más importantes del día a nivel regional y nacional , durante los años 2006 y 2007, en Radio Patria 92.7 FM en Anzoátegui. Finalmente, Rapozo, colabora con Ultimas Noticias en la sección “Echa Tu Cuento” luisalfredorapozo@gmail.com @luisrapozo

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