Querido Esposo… Mañana tranquila, niños en la escuela y esposo trabajando, miré y los vi. Allí estaban tus boletos de lotería diarios, en la vitrina, esperando su momento crucial de  esta noche, ganar o perder.

Esposo, no ves los sorteos, solo sueñas con ganar, y tus ilusiones brotan a borbotones. Repartes regalos, resuelves la vida a todos. Rezas y compras tus boletos, yo digo, «¡dinero perdido!».

¡Quién vive de ilusión, muere de decepción!, eres igual cada día y no te decepciona perder.

Los boletos especiales de hoy, Extra de San Valentín, quieren que me contagie de tu ilusión, me hacen pensar en que los gastaría de salir ganadores.  ¿La riqueza ayudaría al amor? o ¿el amor en sí, es la riqueza?, no soy muy romántica, soy práctica y es el motivo por el cual hoy te escribo.

¿Qué crees tú? Nunca me has dicho realmente qué harías al ganar el gran premio de la lotería. ¿Qué papel jugaría yo? ¿Ganar te haría feliz? Por eso, miro con cierto recelo tus boletos.

Confieso algo, postergo el responderte cuando me preguntas por los números ganadores, me fastidias hasta que en el periódico que leo, los busco. Siempre espero y paso casi al término de caducidad de tus boletos, todo por no saber qué clase de ilusión, esperanza y deseo puedes tener y que al fallarte no puedo cumplírtelo, no puedo hacer nada.

Sabes lo cumbre de toda esta situación, a la cual permaneces como ajeno, aunque eres el actor principal, es que nunca has ganado en la lotería, y mira que juegas, y aún así no abandonas tus ilusiones.

Por eso decidí escribirte, porque no sé si es que verdaderamente no tienes suerte en el azar. No sé si esto es ya una costumbre, una rutina. Lo cierto, es que aquí me tienes como guardiana de tus boletos y pensando si hoy será ese día, el día que cambie tu suerte.

El esposo leyó el escrito. Se alegró. Ya era el día siguiente y, de repente, oyó cuando su esposa le dice: «Óyeme, mi corazón, no pegaste ni uno».

 

Evelia Lovera

evelia.lovera.g@gmail.com

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