Luis Duarte.- Hoy, sin duda, ha dado sus frutos la costumbre arraigada de muchos venezolanos que cosecharon el pensar que otras personas tienen la obligación de resolverles sus problemas, que otras instituciones los tienen que ayudar, que otros individuos tienen que colaborar y pare usted de contar cómo tal grado de dependencia con terceros ha generado un alcance tan elevado de frustración frente a la solución de nuestras propias limitaciones.

Hoy sabemos algunos que estamos solos y por primera vez en la historia nos enfrentamos con el verdadero engendro de los males de la República. Nunca nos enseñaron a ser ciudadanos, nunca nos enseñaron a construir, nunca nos enseñaron a progresar y nunca nos enseñaron a ser libres.

Ciertamente, ya no vale la pena continuar con la constante de la crítica ni con la absurda esperanza de analizar tiempos pasados de una historia que fue mal contada y recordar tiempos de gloria de otros protagonistas que en ningún modo orientarán nuestras futuras acciones pues, como muchos, sin duda alguna, estarán de acuerdo que lo más triste es despertar y darse cuenta que pertenecemos desde hace tiempo a la generación de los cobardes.

Si deseamos hoy realmente recorrer nuevos caminos, antes de iniciar la marcha, sólo tenemos que pensar primero ¿de qué somos capaces?, ¿para qué servimos?, ¿hacia dónde vamos?, ¿qué queremos?, ¿qué estamos dispuestos a perder? y olvidar las premisas puntuales del fracaso que se pueden resumir en una sola pregunta: ¿los necesitamos realmente?

Luis Duarte

lduartec@hotmail.com

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