Raúl Isea.- Hoy en día estamos viviendo en un mundo donde el egoísmo, la envidia y el ansia por dominar a los demás parece ser el objetivo de algunas personas.  Si no complaces sus caprichos o extravagancias, buscan la forma de perjudicarte a través de chismes, injurias e incluso brujería.

Justo la brujería o hechicería está comenzando a dominar al mundo porque algunos recurren a ella para sembrar el mal, mientras que otros buscan la forma de protegerse contra ella, y como se explicara más adelante, su verdadero objetivo es apartarnos de Dios.

Debemos tener presente que lo bueno atrae lo bueno, la intriga conlleva a la intriga, y lo malo desata lo malo. De modo que evita caer en la tentación  y no apoyes la hechicería a través de sus ritos, con altares o talismanes.  Si lo haces, alimentas el poder del maligno, y permites que domine tu mente, tu cuerpo y tu alma.

Recordemos que la Biblia dice “Porque así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: ‘Que no los engañen sus profetas, que están en medio de ustedes, ni sus adivinos, ni escuchen los sueños que tienen.  Porque les profetizan falsamente en Mi nombre. Yo no los he enviado,’ declara el Señor” (Jeremías, 29: 8-9).

Otra pasaje que complementa lo dicho anteriormente dice “Nadie entre los tuyos deberá sacrificar a su hijo o hija en el fuego; ni practicar adivinación, brujería o hechicería;  ni hacer conjuros, servir de médium espiritista o consultar a los muertos.  Cualquiera que practique estas costumbres se hará abominable al Señor, y por causa de ellas el Señor tu Dios expulsará de tu presencia a esas naciones” Deuteronomio (18, 10-12).

De modo que ten presente que el precio de la hechicería es la muerte, y la expulsión del Reino de los Cielos.  Recuerde que en Éxodo (22, 18) está escrito “No dejarás que viva la hechicera”.  Sin olvidar lo que se ha escrito en Apocalipsis (21, 8) “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”.

En caso de sentir duda o miedo, recuerda por ejemplo el Salmo 91, que comienza diciendo: “Tú que habitas al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Omnipotente, dile al Señor: “Mi amparo, mi refugio, mi Dios, en quien yo pongo mi confianza”.

Nuestra fe debe estar siempre con Dios, sin dudar ello. No sucumbas ante los hechizos o amuletos con la excusa de evitar el mal, porque estas aceptando su dominio en tu mente, tu  cuerpo y tu corazón.  La hechicería solo tiene como objetivo apartarte de Dios, tu único Salvador.  En Dios reside todo el poder en el Cielo y en la Tierra por lo siglos de los siglos, amen.

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