La grandeza de crecer

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Dicen que la mejor etapa del ser humano es la niñez. ¿Quién lo diría no? Quizás es porque cuando somos niños, tendemos a ser tan inocentes, tan frágiles y tan moldeables; que no nos importa como el mundo nos vea. Si somos feos o bonitos, si estamos sucios o lindos, simplemente sonreímos sin importar que definimos nuestra personalidad y sobre todo queremos ser grandes.

Nos alegramos con cosas absurdas como un juego, porque mientras vamos jugando se crea algo en nosotros llamado “imaginación”, que nos hace ser innovadores y soñar en un mundo completamente diferente, donde todo es real. Pero con el paso de los años, la dulzura, la inocencia y la ternura que conservamos en nuestro interior, se va “desvaneciendo” con la llegada de una etapa completamente diferente a la niñez  y que nadie está preparado a experimentar llamada “Adolescencia”.

   Una etapa llena de prejuicios hacia las demás personas (ya sea por tu apariencia, por cómo te expresas o como eres) y por consecuente ser rechazados ante la sociedad. Donde nace algo en nosotros llamado miedo, que nos impide hacer muchas cosas y reflejar cómo somos por temor “al qué dirán los demás”. Donde se dice acabar con eso de expresar nuestro yo interior, porque al hacerlo somos raros e inmaduros. Y es ahí cuando te preguntas ¿Por qué queríamos crecer? Llegando a la adultez y viviendo constantes arrepentimientos del pasado.

   Pero lo que muchos seres humanos somos incapaces de entender aún, es que el mundo y la vida misma están diseñados para eso, para que poco a poco vayamos descubriendo lo bueno y lo malo. Las ventajas y desventajas que nos puede ofrecer y así experimentar la grandeza de crecer.

   Puede que cuando crezcamos nos decepcionemos de haberlo deseado, porque conocemos la realidad de nuestra existencia, y queramos volver a la niñez donde vivimos en plena inocencia. Pero no debemos aferrarnos al pasado, somos capaces de disfrutar el presente y diseñar nuestro futuro.

   La grandeza de crecer te ayuda a ver que todo puede cambiar y quizás, el mundo no sea como creemos cuando somos niños. Pero está en la mente del ser humano y en su espíritu, seguir teniendo esa esencia que los hace ser únicos.

   No importa la edad, si la persona se siente bien consigo mismo siendo como es, no tendría que dejar de serlo para satisfacer a otros. Debe dejar salir ese niño interior lleno de sueños, esperanzas y anhelos. Proponiéndoselo se puede cumplir, y aunque en la vida existan miles de retos y dificultades que tengamos  que enfrentar; son pruebas y errores de las cuales debemos seguir aprendiendo.

Anaheim Manrique 

anaheim_12@hotmail.com

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