La paliza por un tesoro

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En un pueblo vivían tres ancianos con rasgos europeos. Su vivienda estaba muy retirada del pueblo y, a decir de la gente, habían llegado ahí huyendo por temor a las disposiciones del Decreto de Guerra a Muerte firmado por el libertador el 15 de junio de 1813.

Tenían una vivienda parecida a una fortaleza, para evitar la presencia de enemigos y ladrones. Nadie pudo en vida saber qué había en esa misteriosa propiedad. Se rumoreaba que vivían aislados por poseer una inmensa riqueza. Esta historia provocó la atención de tres ladrones, uno apodado “El Ganzúa” y el otro “Pata e’ cabra”, del tercer bandido, en cambio, no se sabía nada.

Ambos polizontes llegaron en búsqueda de un botín que tenían los tres ancianos y se dirigieron a media noche al objetivo. El primero se vistió de médico y el segundo de obispo; tocaron la puerta y salió el primer viejito, que les pregunta con malicia: ¿y qué les trae a ustedes por acá? El médico le responde: pues yo soy el que cura las enfermedades. Mientras que el obispo le dice: yo soy el que cura las penas del alma. ¡Ah caramba! – Ripostó el anciano – ustedes cayeron del cielo, pasen adelante, me esperan un momento y regreso.

Pero el anciano tardaba mucho, el obispo mira por la rendija de una ventana y ve que tenían guindados al menos cien ladrones, entre los que cuenta el tercer bandido llamado “Doble Cena”, porque siempre echaba a perder cualquier partida por su ambición.
Sigue mirando y ve un tremendo cartel que dice: “aquí todo ladrón que entra paga sus fechorías. En el desayuno una paliza y a trabajar, en el almuerzo una pela y a trabajar, y en la cena otra paliza y a rezar”. Pero lo que más preocupaba a los bandidos era un centenar de tumbas en cuyo epígrafe se leía: “quien entra aquí no sale vivo, menos los que violan el código de honor de la familia hamponil”.
Minutos después de leer el amargo mensaje, son conducidos contra su voluntad y reciben tres palizas. El obispo, casi moribundo, pudo oir al médico que balbuceaba: “estamos aquí por haber violado el código del hampa que reza: todo, menos niños y ancianos”.

Saúl Briceño
saulbrifer2011@hotmail.com.

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Soy Trujillano,educador,oriundo del municipio Trujillo, he vivido toda mi vida en el barrio " ALAMEDA RIBAS" CONSIDERADO EL " BALCÓN DE TRUJILLO" un hacedor permanente de mi hoja de vida simpre al servicio de la solidaridad fraterna que distingue al andino, soy directo al manifestar mis posiciones ante los embates de la vida, respetando las opiniones de los demás, creo en el ser humano por ser creación de DIOS, simpre reconociendo que somos imperfectos, que uno no más que el otro, lucho contra esos fantasmas que aniquilan el espíritu, me aterra el conformismo, no vine al mundo a ignorar el valor de la vida habiendo tantos caminos para transitar frentes donde podamos dejar pequeñas huellas que alegren la vida a nuestros semejantes.me gusta la lectura donde abunde la metáfora y la prosa, soy cuenta cuentos, escribo cuentos y relatos breves sobre la cotidianidad da la urbe, de sus personajes, humanizo personajes que a diario ironizan la hipocresía de esta sociedad descompuesta. Admirador del ya desaparecido periodísta Kotepa Dlgado de quién recuerdo una frase maestra " ESCRIBE QUE ALGO QUEDA" Orgulloso de ser Venezolano.

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