Amarily López. Cuando mis hijas estaban pequeñas su papá les contaba esta historia y ellas se dormían, no por lo aburrido sino por la imaginación que producía el cuento:

Érase una vez, una vaquita de color blanco y con manchas marrones, que vivía en una finca con muchas vaquitas iguales a ella. Hubo una temporada que no había que comer y el pasto estaba seco, el dueño de la finca no encontraba que darle para alimentarlas. Sucedió que un día el dueño tomó la decisión de llevarlas para el matadero para sacrificarlas, y una de las vaquitas se opuso, llorando y llorando; resulta que a la primera vaca que se llevaban para el matadero era ella precisamente.

 

Una noche ya montada en la camioneta del dueño como quien dice ¡lista para la parrilla!, entre quejidos y sollozos, y con la tristeza del propietario, este no logró amarrarla bien en la parte de atrás de la camioneta, sin embargo, se la llevó así para el matadero.            

 

Durante el viaje para el matadero se cruzó en la vía un conejo, el dueño frenó la camioneta y fue tanto el frenazo que la vaquita salió volando de la parte de atrás de la camioneta y cayó en un matorral. La pobre estaba tan flaca y débil que no lograba pararse, así que ella cerró sus ojos y quedó tendida en el monte. El dueño al verla así, supuso que había muerto y la dejó tirada ahí.

 

La pobre vaquita se quedó dormida, pues no tenía fuerzas para pararse. Al día siguiente, por ese camino pasó una niña, y al ver a una vaquita tirada en el monte, tan flaca, la jaló por un cordón que tenía la vaquita atada al cuello y logró pararla. Se la llevó a su casa, un hogar muy humilde, pero cálido. Y con lo poco que tenía le dio de comer y beber a la vaquita, la niña se quedó con la ella y la cuidó. Pasó un buen tiempo y la niña por las tardes repetía este verso:

 

Tan bella mi vaquita que hasta un torito consiguió,

y becerritos hermosos, ella parió.

Ahora la vaquita da leche a la niña que la cuidó,

con tanto esmero y nobleza con que la atendió.

Ahora la vaquita no va para el matadero,

pues es hermosa y grande con su comedero”.

 

Mis hijas al escuchar este cuento, o lloraban por la historia de la vaquita, o se dormían y lo hacían soñando con una vaquita querida.

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