Entre mariposas y Alelíes

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Tantos eventos suelen suceder en la vida, especialmente en nuestra niñez; muchos de ellos trastoca nuestra curiosidad por conseguir respuesta a muchos enigmas y misterios que a diario nos depara la naturaleza.

Yo recuerdo que tenía más o menos diez años y estaba solo en mi hogar, no se que me pasaba, miraba desde el balcón una cortina “tapa ventanas” , que colgaba como un cadáver sin dolientes entre vetustas ventanas de diseño colonial. De pronto comenzó a sentirse una oleada de brisas, que entraban acompasadas con silbidos, soplos y susurros muy propios de los ” vientos de San Juan “. Fijé la mirada en la cortina y ésta bailaba como si fuese una quinceañera en su cumpleaños, la sentía desbocada por sus continuos choques con los desaliñados ventanales.

Entre vientos, cortinas y soledad, pude ver en varios días la presencia de infinidad de colores de mariposas vivaces pero frágiles y efímeras; me recordaban la inocencia de aquellas inolvidables cartas de amores rotas, donde plasmábamos nuestros primeras miradas de amor; aleteaban y flotaban como en una danza de colores, de amores puros; todo parecía un penacho de bellezas aladas.

Jamás había visto tantas mariposas juntas que llegué a creer que era un milagro por mi inocencia, habida cuenta que los Santos sólo se le aparecen a los inocentes. Yo me sentía como un rey niño en medio de un edén de flores, que hacían de todo, excepto cantar.

Pasé varios días entre mariposas y nunca supe que comían, aunque presumo que se alimentan de alegría, paz y colores. Volví la mirada a la cortina para ver de donde brotaba aquella estela de mariposas que convertía mi hogar en un oasis. Mis ojos de niño pudieron ver como la cortina estaba cubierta por infinidad de huevos, desde donde nace la oruga para luego pasar a la “crisálida” y convertirse en una belleza alada que hipnotiza el alma de quien sabe mirar.

Ésta Crisálida por ironía suele estar encerrada dentro de un “capullo” Por analogía en mi casa nunca faltó un “Capullo de Alelí “, esa una planta de mucho valor medicinal, recuerdo que se le llamaba así, a una flor muy linda, que aún no había abierto sus pétalos; de allí la explicación del porqué mi papá le decía a mi madre: “Eres mi capullo de Alelí”, expresión de antaño muy usada para señalar aprecio y estima a una dama, una hija que se quiere mucho.

Agraciada esa tarde en que la naturaleza me permitió entender el lenguaje entre flores y mariposas.

Saúl Briceño

saulbrifer2011@hotmail.com

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Soy Trujillano,educador,oriundo del municipio Trujillo, he vivido toda mi vida en el barrio " ALAMEDA RIBAS" CONSIDERADO EL " BALCÓN DE TRUJILLO" un hacedor permanente de mi hoja de vida simpre al servicio de la solidaridad fraterna que distingue al andino, soy directo al manifestar mis posiciones ante los embates de la vida, respetando las opiniones de los demás, creo en el ser humano por ser creación de DIOS, simpre reconociendo que somos imperfectos, que uno no más que el otro, lucho contra esos fantasmas que aniquilan el espíritu, me aterra el conformismo, no vine al mundo a ignorar el valor de la vida habiendo tantos caminos para transitar frentes donde podamos dejar pequeñas huellas que alegren la vida a nuestros semejantes.me gusta la lectura donde abunde la metáfora y la prosa, soy cuenta cuentos, escribo cuentos y relatos breves sobre la cotidianidad da la urbe, de sus personajes, humanizo personajes que a diario ironizan la hipocresía de esta sociedad descompuesta. Admirador del ya desaparecido periodísta Kotepa Dlgado de quién recuerdo una frase maestra " ESCRIBE QUE ALGO QUEDA" Orgulloso de ser Venezolano.

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