Emilio Pino Salinas | emiliopinosalinas@gmail.com.- Siempre me gustó el aspecto colectivo del deporte, la capacidad de trabajar en equipo  con el fin de conseguir un fin en común, es parte de las hazañas más extraordinarias del ser humano, pero las disciplinas deportivas  individuales te seducen, así como correr, es la combinación del  placer y el sufrimiento, el orgullo y la decepción.  Sensación única: sentir que el rival a vencer es uno mismo, es de lo que hablaba el escritor Julio Cortázar cuando explica  su afición al boxeo.

El  corredora diario a diario se enfrenta al desafío del clima y los distintos circuitos de entrenamiento, los observamos por las calles y avenidas, algunos en sus vehículos les gritan cosas y las miradas de curiosidad y admiración nunca faltan; los corredores mantienen una eterna lucha contra el hermetismo, sedentarismo y apatía por la actividad física. En una ocasión escuche que a un maratonista le tiene que gustar sufrir, se debe estar capacitado para sufrir, porque si no, correr no es lo suyo.

En mi caso después que deje de jugar béisbol (a los 15 años), me dedique al maratón, participando en un club de atletismo en Villa de Cura, donde tuve la dicha de alcanzar los 12 km con esa edad, después llegaron otras responsabilidades y las posibilidades de vivir como un atleta de alto rendimiento se fueron esfumando, ya no podía correr con regularidad, pero jamás se me olvido esa sensación al correr, una especie de libertad plena, donde tienes que lidiar contigo mismo e ir compenetrándote con tu conciencia, una voz te indica que tienes que parar y allí está la misión: ignorar esa voz.

Lo más importante  es comprender que los corredores, son seres en plena libertad y cuando veas a un corredor por allí respétalo y asúmelo como un guerrero por el asfalto.

 

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