Los santos nos recuerdan la presencia de Dios

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Raúl Isea.- Somos incapaces de poder ver a Dios. Él es un Espíritu que nos habla a través del lenguaje del amor como nos lo recuerda la Biblia (ver a modo de ejemplo los pasajes 1 Jun 4,12; Juan 4, 24). De manera que “ver” lo reinterpreto como “reconocer su presencia espiritual“.

Quizás fruña el cejo y recuerde la cita donde se afirma que Moisés vio a Dios “cara a cara” (Éxodo 33, 11). Sin embargo, la Biblia nos indica que él habló a través de un arbusto en llamas (Éxodo 3,4), y en otras ocasiones oculto su rostro para evitar mirarlo a los ojos  (Éxodo 3,6); sin olvidar que Moisés estaba siempre acompañado por un ángel en el monte Sinaí (Éxodo 7,38).

En este punto, recordemos que ángel proviene del latín angĕlus que significa “mensajero de Dios“, y continuamente están siendo citados en la Biblia, como el episodio del sueño de Jacob en Betel donde observo una escalera que conducía al cielo, por donde transitaban los mensajeros celestiales (Génesis 28, 12). Con todo esto deseo recordar que los ángeles están con Dios y también entre nosotros.

El papa San Pío X (1835-1914) afirmaba que “los ángeles son las criaturas más nobles creadas por Dios“. De hecho, y como se desprende de la lectura del Éxodo, Dios nos ha brindado la compañía de un ángel para nuestra protección y guía (Éxodo 23, 20), por lo que ellos son los interlocutores naturales entre Dios y los hombres.

Quizás desconozcan que otras religiones también hablan de ángeles, como en el Islán así como en el budismo, donde ellos son bodisattvas o iluminados; mientras que los Zoroastristas (por colocar otro ejemplo) hablan de arcángeles así como de un ángel de la guardia, un ser espiritual dedicado a cuidarnos en este transitar terrenal.

Permítanme citar una anotación del padre Pio de Pietrelcina (1887-1968) donde escribiera una carta dirigida a Ana Rodote (1890-1972) fechada el 15 de julio de 1915, donde se lee “que tu buen ángel de la guarda vele siempre sobre ti, que pueda ser tu guía en el camino escabroso de la vida. Que siempre te mantenga en la gracia de Jesús y te sostenga con sus manos para que no puedas tropezar en una piedra…“. De modo que déjese guiar por su ángel de la guarda. Permita que lo conduzca por el camino del bien y no caer en la tentación, que como sabemos, es una tarea ardua y difícil porque nos ronda de día y de noche.

Son muy pocos los dignos de poder reconocer la presencia de Dios o escuchar a sus ángeles, pero lo que nadie puede poner en duda, es que nosotros somos testigos de la vida y obra de nuestros Santos en este transitar terrenal. Ellos nos recuerdan la bondad de Dios, y son claro ejemplo de lucha y triunfo contra el maligno gracias a una vida de fe, humildad que emana desde el fondo de su corazón, con un amor incondicional.

En este punto sería injusto puntualizar algunos nombres porque la historia nos recuerda una serie de vidas consagradas a Dios, amén que muchos de ellos nos recuerdan su santidad a través de sus cuerpos incorruptos, como por ejemplo, el de San Pío de Pietrelcina (1887-1968) quien está expuesto al público para su veneración en Italia desde 2008.

Para ir finalizando, recordar una frase de San Juan Damasceno (676 – 749) cuando explicaba porque podemos rezar a través de la intersección de los Santos, cuando indico “La belleza y el color de las imágenes estimulan mi oración. Es una fiesta para mis ojos, del mismo modo que el espectáculo del campo estimula mi corazón para dar gloria a Dios“.

Por lo que gracias a nuestras Santas y Santos podemos reconocer la existencia de Dios tras habernos enviado a su hijo para el perdón de nuestros pecados. No hay excusas para nuestra sordera espiritual porque siempre se puede recurrir a sus Santos y a sus ángeles para solicitar su ayuda y protección.

No quiero terminar sin agradecer a mi ángel de la guarda. Mi compañía terrenal que se esfuerza en conducirme al Reino de los Cielos, aunque por momento sea “sordo” a sus palabras.  A mi ángel le digo hoy, mañana y siempre: ¡GRACIAS!

Raúl Isea

raul.isea@gmail.com

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