José Aponte.- Excelente, dinámica, brillante, responsable, altruista, talentosa, justa, solidaria, docente a tiempo completo. Calificativos, que recuerdo con exactitud y puedo mencionarlos con propiedad, que la maestra Judith Valbuena de Soto poseía y desarrollaba a plenitud durante el cumplimiento de su rol como educadora. Fue mi maestra en los grados 4to., 5to. y 6to.

Ella trasmitió e inyectó abundantes dosis de sus características personales y profesionales. Sus clases jamás fueron aburridas siempre hubo ambiente de festividad, hermandad, familiaridad, aprendizaje contagioso y significativo; enfatizando el respeto, la seriedad y la responsabilidad en todas y cada una de las actividades asignadas.

Un día, en una de sus clases, hizo un paréntesis y preguntó «¿qué quieren ser una vez que terminen el sexto grado?», todos sorprendidos respondimos, de un total de 34 alumnos, 18 dijimos «maestra, como usted». Ella no pareció sorprendida al oír la respuesta. Calló por unos minutos y con mucha calma expresó:

-Esa sí que es una buena noticia, porque ser maestro es sinónimo de grandeza. Jesucristo fue y sigue siendo el maestro universal. Simón Rodríguez fue maestro de nuestro Libertador Simón Bolívar.

Luego hizo un largo silencio, parecía reflexionar, y mostrando una hermosa sonrisa nos dice: «mi esposo trabaja en la Normal Simón Rodríguez hablaré con él para su inscripción». Y así mismo fue, inscribió a 15 alumnos de los 18, pero sólo nos graduamos cinco. Logrando cumplir con lo encomendado y con el compromiso originado con nuestra consciencia.

Las vivencias de momentos especiales con nuestra maestra son incomparables. Desde cortar una arepa rellena como si fuera una torta para compartir con sus niños bellos; leernos cuentos un día por semana, contarnos anécdotas de su vida personal y familiar, hacer competencias en matemáticas; lenguaje e historia; visitar nuestros hogares inesperadamente; hacernos reír en momentos de angustias; de acompañarnos a jugar pelotica de goma en recreo.

Nunca noté preferencia por algún compañero. Nos recriminaba con fundamento y justicia cuando se hacía necesario y hasta de llevarse a sus niños bellos a pasar un fin de semana con ella y su familia. No recuerdo ausencia alguna a sus labores. De cuidarnos hasta el punto de celarnos como sus propios hijos. Nos llevó de paseos a parques, ríos, montañas, monumentos, museos, casas históricas y lo más interesante por cada visita, recorrido, cuento o lectura debíamos expresar lo aprendido y redactar el contenido del mismo.

En verdad, confieso muy difícil no seguir su ejemplo. Tratar de imitarla se hizo ideal. Fue nuestra heroína, nuestra Mujer Maravilla de la época. En la actualidad se necesitan muchas como ella.

En cada espacio escolar y en cada aula de primaria, secundaria y hasta universitaria necesitamos con urgencia muchas Mujeres Maravillas. Por ello, en un día tan especial para un ser excepcional honor a quien honor merece.

A mi querida maestra Judith Valbuena de Soto.

 

José Aponte

tarjota56@hotmail.com

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