Saúl Briceño Fernández.- Contar algunos hechos de manera transfigurada de lo inverosímil a una realidad que nos embarga, solo es posible recurriendo a los recursos de la imaginación a través de esa triada ser, hechos y circunstancias.

Hace muchos años –contaba el abuelo Andrés– a Venezuela le decían despectivamente “la vaquita lechera” porque daba para todos, para los de adentro y para los de afuera. Un día, sin esperarlo, llegó la época de las “vacas flacas”, todo se vino abajo y comenzaron a aparecer las culpas.

El abuelo Andrés, quien tenía un corral de vacas, se despierta a medianoche porque escucha un extraño alboroto, se asoma por la troja y ve que en el establo donde acampa su vaca preferida llamada “Mimbate” aparecen un sinnúmero de animales, entre ellos –en números de uno-  mono, conejo, lapa, cochino, burro y un caballo.

Todos le manifiestan su preocupación, ya que en la radio, televisión, tuiter y prensa se le acusa de todos los males del país de los animales del monte; no obstante, ser ella la que proporciona carne, leche, queso, mantequilla y otras cosas más. Tanta es la solidaridad, que también se ve venir hacía el establo una manada de zorros, tigres, lochitas, cunaguaros, caimanes, guaches, además de un buitre y un zamuro.

El mono en nombre de todos los animales del monte, lee un documento sobre la grave situación de la vaca “Mimbate” que comienza así: «Nosotros, los animales del monte, carnívoros o no, debemos desconocer la llamada  ‘cadena alimenticia’ por depredadora, que nos obliga a comernos unos a otros,  para evadir el esfuerzo y sacrificio a la hora de aprovisionarnos de alimento. La vaca ‘Mimbate’, oía la arenga del mono y se preguntaba para sus adentros muchas interrogantes al tiempo que fijaba su mirada al buitre, zorro, caimán, tigre y zamuro. Hoy le toca a la vaca –decía el mono– mañana será cualesquiera de nosotros.

Han llegado al colmo de editar varios libros irónicos donde opinan que  ‘La culpa es de la vaca’, que ‘La culpa no es de la vaca’», el mono termina su discurso con un epígrafe panegírico donde resalta las bondades de la vaca, esto último, rebobinó las hormonas al zorro y al tigre pero, especialmente, al buitre y al zamuro.

Terminado el discurso, la vaca toma a palabra dando un profundo agradecimiento, no por mí -decía- sino por verlos unidos. «Yo soy una vaca inmigrante, no sé si me trajeron de Noruega, Cuba, Argentina o Brasil; soy producto de la inmigración. Conocí dos vacas famosas que me sirven de consuelo y que siempre recuerdo: una vaca flaca y lánguida, con la mirada ida, en cuyo lomo había una bandera tricolor toda roída y decolorada y encima de ella una docena de buitres hambrientos a la espera que se saciaran dos de sus congéneres al reventar postrados en sus ubres». Esa vaca se llama mi pobre ‘Venezuela’.

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Soy Trujillano,educador,oriundo del municipio Trujillo, he vivido toda mi vida en el barrio " ALAMEDA RIBAS" CONSIDERADO EL " BALCÓN DE TRUJILLO" un hacedor permanente de mi hoja de vida simpre al servicio de la solidaridad fraterna que distingue al andino, soy directo al manifestar mis posiciones ante los embates de la vida, respetando las opiniones de los demás, creo en el ser humano por ser creación de DIOS, simpre reconociendo que somos imperfectos, que uno no más que el otro, lucho contra esos fantasmas que aniquilan el espíritu, me aterra el conformismo, no vine al mundo a ignorar el valor de la vida habiendo tantos caminos para transitar frentes donde podamos dejar pequeñas huellas que alegren la vida a nuestros semejantes.me gusta la lectura donde abunde la metáfora y la prosa, soy cuenta cuentos, escribo cuentos y relatos breves sobre la cotidianidad da la urbe, de sus personajes, humanizo personajes que a diario ironizan la hipocresía de esta sociedad descompuesta. Admirador del ya desaparecido periodísta Kotepa Dlgado de quién recuerdo una frase maestra " ESCRIBE QUE ALGO QUEDA" Orgulloso de ser Venezolano.

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