Miguel Vásquez.- Se acercaban las fiestas navideñas en la población de El Supí (Península de Paraguaná). Todos los jóvenes de los sesenta anhelábamos su llegada para lucir nuestras mejores galas en las misas de madrugada y después exhibir nuestras habilidades en las patinatas frente el malecón.

Era nuestro lugar preferido, una pista larguísima de puro concreto, paralela al mar  y donde concurrían todos los vecinos para compartir al concluir  la misa. Allí cada uno  de nosotros trataba de demostrar su destreza con los patines de antes, aquellos de cuatro ruedas que se amarraban a las pantorrillas, los cuales desarrollaban altas velocidades que  a veces  dificultaba su control.

Entre nosotros destacaba Marquito Cedeño como hábil conductor de patines, lamentablemente no poseía uno propio y se veía obligado a quitarlos prestado a cualquiera de nosotros. Todos sabíamos de su amor por Nohelí, una bella joven del pueblo, y también sabíamos que no perdería oportunidad para lucirse ante ella; aunque igualmente sabíamos que era pretendida por Fito Pulgar, otro integrante de nuestra pandilla, con menos habilidades con los patines.

Por tanto, entre ambos, aún siendo amigos, anidaban una secreta enemistad pasional. Marquito supo que Fito había comprado unos patines nuevos en Coro (Falcón) y le pidió que se los facilitara para probarlos después de la misa del gallo. Por supuesto que Fito sabía que era nada más y nada menos para lucirse ante su amada Nohelí y le dijo que no había problema, que con mucho gusto se los prestaría el mismo día.

Llegado el momento, Marquito se amarra los patines y no se percató que una rueda había sido aflojada a propósito y ¡zuaammmm!, se lanza malecón abajo a toda velocidad y justo cuando va pasando frente a Nohelí intentó una pirueta y giró violentamente hacía la mesa donde ella se encontraba, tumbó la silla, la joven besó el piso y él cayó estrepitosamente en una alcantarilla de aguas servidas.

Mientras tanto, Fito entre el gentío se reía disimuladamente y salió presto a ayudar a Marquito, este le soltó un puñetazo que lo lanzó al piso mientras le gritaba:

-¡Desgracia᾿o, me diste un patín con tres ruedas!

 

Miguel Vásquez

mivasquez7@hotmail.com

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