Pretérita costumbre era apropiarse de ollas, sartenes, tenedores, cucharillas perolas de leche y tobos de plástico de la casa, obligatorio recurso musical a la hora de armar una sabrosa rumba de perolito.

Una artesanal orquesta con todo lo que  sonara quedaba circunscrita a la invasiva “fiebre” de imitar percusionistas. Inclinación urbana  preferiblemente donde oliera a barrio; motivación caribe igualmente experimentada en infantil y adolescente vida por cantidad de músicos famosos, sobre todo donde se respirara negritud. Palabras mayores: Tata Guines, Ismael Rivera, Oscar D’León…

Bajo el entrompe radial convocado por La hora de la salsa el sabor y El bembé (década de los 60 del siglo anterior), programa transmitido a voz meridiana por la emisora Radio Difusora Venezuela, conducido por el recordado Fidias Danilo Escalona, era la cosa. Muchos caraqueños afirmábamos audiencia latina, desmarcándonos de  otras emisoras en ese horario de noticieros, que hasta la hora del almuerzo  pasaba por bolas a ritmo de perolito.

Recurso callejero era ponerse a tono con Ray Barreto, Tito Rodríguez, Joe Cuba, Federico y su Combo; a pleno fuego alrededor de un vehículo: la llamada rumba de capó. Si se trataba de un carro o camioneta de viejo estilo, mucho mejor. Emblemas como el Fargo, Chevrolet, Dodge, Ford, por ejemplo, marcaban pauta y efecto sonoro convocando a viandantes a menear hombros, cintura y nalgas.

El tableteo de cueros sobre el guardafangos, percutir la rejilla a son de platillos y el campaneo sobre el parachoques, se dejaban guiar por el oído musical de los ejecutantes sudando caribe por todo el cuerpo.

Efectos acompañantes salían desde el entorno con el soplido de una botella aflautando el tema y un peine envuelto en papel celofán como voz asordinada de la trompeta, el rasgueo de una acanalada botella de refresco marca Fanta en el rol del guiro, la infaltable clave marcada a mano, y la eventualidad de un cuatro como recurso armónico.

La voz líder y los coros ya curados al compás del infaltable trago con sabor a anís Cartujo, insinuando la manera de complacer peticiones: El que se fue, Muñeca, Adaza, El negro Bembón, Juancito Trucupey… enfilando un repertorio enlazando la tarde con la noche, sobre todo en días sábados. Ya sofocada la calentura, las ganas invitaban para ir a prepararse a un bonche en vivo y en directo.

                                                                                                           Pedro Delgado mateomartan59@gmail.com

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