Rupertina, los espantos no existen

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La mujer le llamaba a eso de dos de la madrugada: “Pancracio, Pancracio”. Y el hombre, envuelto entre un trío de cobijas de lana de oveja, le contestó más dormido que despierto: “¿Qué pasa? ¿Es que usted no le respeta el sueño a uno?”

– Perdone, Pancracio, pero es que estoy oyendo unos ruidos que vienen desde el negocio.
– ¿Qué? Yo no oigo ningún ruido. Deben ser los gatos que se metieron por allá. Además, en este pueblo no suceden esas cosas.
– Sospecho que alguien se ha metido. Nos van a robar el negocio.
– El perro ya hubiera avisado.
– Ese perro viejo no sirve ni pa’ pincho. Por eso nos robaron todas las gallinas y nos dejaron el gallo soltero.
– Tranquila, Rupertina. Deben ser los gatos detrás de los ratones. La otra vez usted me hizo levantar y al verme salir me pidió que de regreso le trajera un pedazo de arepa con cuajada. Si tiene hambre, vaya. Los espantos no existen. Los vivos son los que molestan a los demás. A causa de los grandes vivos es que este país ha ido a parar en el fondo del barranco. Vaya a la cocina. Yo la acompaño con el pensamiento. No tenga miedo.
– No. No tengo hambre.
– Duérmase ya, mujer. Mire que el frío está pegando más recio que nunca. Se oye tronar y parece que viene un aguacero.

En eso se escuchó el impacto de un rayo. Del susto que le dio, la mujer casi que se cae de la cama. Y sonó la lluvia sobre el techo de zinc. Poquita agua al principio hasta volverse un sonido fuerte y parejo. Pancracio quedó como muerto y Rupertina lo único que podía escuchar era el sonido hipnótico de la lluvia.

Amaneció haciendo más frío que de costumbre. “Es el aire frío que baja desde El Águila, pasa por Piedra Gorda y sigue hacia Timotes”, pensó Pancracio. Abrió la puerta del negocio y quedó boquiabierto con la escena terrible que vieron sus ojos: se llevaron todo, excepto una lata de sardinas. Fue cuando dijo:
– ¡Santo Dios! Cómo hay gente mala en este mundo. Ahora voy a tener a esta mujer diciéndome a cada rato: “¡Yo se lo dije, yo se lo dije!”.

Enrique Santiago

enrisanti9@gmail.com

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