Aunque el Síndrome de Alma en Pena no es una enfermedad de origen físico, hay personas que pueden llegar a padecerla porque se lamentan todo el tiempo y en todas partes, tosiendo intrigas y chismes con altas dosis de deshonestidad.

   Permítanme indicar que cualquier persona que trabaje con humildad, siempre será mejor que otra que venera el odio así como la envidia. La honestidad evita un estado de ánimo tóxico, y de esa manera no es posible contraer esta dolencia que puede llegar a convertirse en una pandemia.

   La razón por la que he definido el Síndrome de Alma en Pena, es porque continuamente observo personas que presentan un “cuadro patológico” caracterizado por la falta de dedicación, carencia de humildad y altos niveles de mediocridad, siendo altamente contagioso.

   Lamentablemente carecemos de medicinas que contrarresten esta enfermedad, porque la ciencia aún desconoce cómo lograr inyectar honestidad en un corazón estrangulado por la falta de ideales y principios.

   Los que sufren el Síndrome de Alma en Pena son asintomáticos, pero sus acciones tales como el rencor, falta de ingenio, altos niveles de envidia y baja autoestima, puedan ayudar a diagnosticar dicho trastorno.

   Además, se les puede reconocer porque viven en la mezquindad, buscando posibles consuelos en el mal que puedan generar.  De manera que si observa a una persona que deambula por los pasillos sembrando odios y rencores, probablemente sufre este síndrome.

   Solo resta indicar una dieta que permite evitar este síndrome del siglo XXI basada en la humildad, felicidad y amor. Evite un posible contagio a través de la envidia y el rencor.  Viva con alegría, viva sembrando amor.

Raúl Isea

raul.isea@gmail.com

SIN COMENTARIOS

Dejar una respuesta