¡Tierra, tierra! -gritó a todo gañote, Rodrigo de Triana-.

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Como ustedes recordarán cerca de aquel 12 de Octubre, el Almirante Colón pudo haber sido alimento para los tiburones, porque un grupo furioso, cansado, temeroso, de tripulantes de malas pulgas pensaban lanzarlo por la borda, porque tenían mucho tiempo en el mar sin divisar tierra y no saber hacia dónde iban y cuándo llegarían. Era una situación muy difícil. Colón se salvó porque Dios es muy grande y entonces ofreció 10 mil maravedíes al primer hombre que viera en el horizonte tierra firme.

Muchos hombres rezaban a los cielos pidiendo no quedar sobre las aguas eternamente; otros sabían que se acababa el agua dulce y los alimentos se ponían piches, escasos y sin embargo, elevaban su fe de encontrar tierra. Algunos pudieron ver sobre las aguas algunas ramas, cocos flotando y algunas aves que se veían a lo lejos, lo cual suponía que en cualquier momento encontrarían una orilla para bajarse a caminar, reabastecerse y seguir viviendo…

Afortunadamente como a las dos de la mañana de aquel 12 de Octubre de 1492 en  algún lugar de las Bahamas -hoy día-, Rodrigo Pérez -mejor conocido como Rodrigo de Triana-porque era de esa localidad en las cercanías de Andalucía, gritó a todo pulmón ¡Tierra, tierra! Alertando a toda la tripulación del avistamiento, momento que significó un renacimiento del Almirante Colón, quien salvó su cuello, pero todo el  mundo sabe que el genovés le jugó sucio a Triana, sin pagarle un centavo.

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Luís Alfredo Rapozo Nació en Caracas, D,F el. 19 de Agosto de 1960 Estudió Sociología en la Universidad Central de Venezuela Sus artículos periodísticos han sido publicados en diferentes medios, muy especialmente en el diario El Tiempo, de Puerto La Cruz, donde fue articulista por diez años, siendo miembro del grupo Nuevas Plumas y del grupo Otras Voces con una columna semanal. También sus artículos han sido publicados en diversos medios digitales como REPORTERO24 donde colabora semanalmente durante cuatro años ininterrumpidos, semana a semana. Igualmente, ha publicado en El Republicano Liberal, El Llanero Digital, ¿Qué pasa en Venezuela? Y en otros medios en forma ocasional. Entre los libros que ha publicado se encuentran “Echando Cuentos”, “Entre cuento y cuento”, Negro Primero “El día decisivo”, “Dos años de crónicas” y “Sacalapatalajá” otro libro de crónicas políticas que comprende más de un año de crónicas semanales desde febrero 2015 a Junio 2016. Fue conductor de un programa radial en Anzoátegui “Noticias comentadas” que informaba sobre las noticias más importantes del día a nivel regional y nacional , durante los años 2006 y 2007, en Radio Patria 92.7 FM en Anzoátegui. Finalmente, Rapozo, colabora con Ultimas Noticias en la sección “Echa Tu Cuento” luisalfredorapozo@gmail.com @luisrapozo

2 COMENTARIOS

  1. El día de la raza

    En esos años de mi infancia, hace unos cincuenta años, las escuelitas se vestían de mucha alegría porque el doce de octubre se celebraba “el día de la raza”, ustedes saben , “el encuentro de dos mundos”-como se decía y aún se dice en otros países-, recordando el descubrimiento de América por los europeos, independientemente de eso, significó un choque cultural tremendo, en una primera instancia, porque se asesinó indígenas; porque hubo impacto cultural, social, etc., despojo, pillaje, violaciones, dominio de los españoles, explotación y posterior esclavitud de africanos traídos para el trabajo con todo lo que ello implicaba, aquí y allá

    Entonces, las carteleras de la escuela lucían muchos dibujos preciosos, donde los alumnos se esmeraban en pintar sus tres carabelas y algunos se aventuraban en pintar a Colón frente a un grupo de indígenas con caras de sorpresa, en medio de su desnudez…

    Desde principios del actual siglo, en Venezuela cambiaron el día de la raza por el día de la resistencia indígena y entonces la idea de celebración del origen de nuestro profundo mestizaje se transformó en un día de congoja; de luto, por el recuerdo del sufrimiento de los indígenas, del despojo de su tierras; y del derrumbe de su organización y costumbre -como dije-.

    Ahora, por encima de los encuentros violentos y la sangre derramada en el tiempo, tenemos un pueblo vario pinto resultado de esa mezcla de sangre, dónde nuestros catires son “bachacos”; nuestros negros son “aguarapados” con ojos claros y nuestros indígenas tienen descendientes con la estatura de un blanco y la belleza de una nueva mezcla, que nos identifica y nos diferencia. Y eso, hay que pintarlo en las carteleras de las escuelitas.

  2. Colón abrió la puerta

    Después que Colon descubrió la primera isla estuvo dando vueltas por El Caribe hasta que se encuentra con las Islas más grandes: Cuba y tierra Cibaeña. Allí los pobladores salieron corriendo a ocultarse en las montañas. Solo capturaron a una mujer, a quien vistieron y atendieron para que informara de sus buenas intenciones a los demás. Así se dio la cosa, entonces los habitantes retornaron a la costa y compartieron e intercambiaron presentes.

    Colón deja 38 españoles en la isla para que aprendieran a comunicarse y retorna en menos de 60 días a España para contar se descubrimiento; llevando consigo indígenas, aves, metales, etc.; pero estaba maravillado por lo que había conseguido en su primer viaje. Parecía un niño jugando con una piñata

    En esos días el mundo fue estremecido por las noticias y Colón escribió su nombre con letras doradas en las páginas de la Historia. De esa manera, vinieron nuevos viajes de inspección y luego grandes proyectos de exploración, conquista y coloniaje en un vasto territorio, que llevaría decenas de años en el contacto.

    Naturalmente, el acontecimiento pasa a la Historia Universal como el descubrimiento, a pesar de las denuncias posteriores contra el maltrato, exterminio de los pueblos encontrados por la avaricia y la codicia de los conquistadores que se aventuraban viajar a América para enriquecerse.

    Colón volvería en tres viajes más, obtuvo riqueza, reconocimiento; pasando por muchos episodios en su vida personal que dan para hacer una novela, pues fue el hombre que abrió la puerta a los que vendrían atrás en su sed de aventura.

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