Era el peor trabajo que había aceptado hacer, además, el pago era poco; sin embargo, accedió. Estaba desesperado, con mente calma, pero sabiendo que ya no quedaba tiempo para esperar algo mejor.

Madrugar, ir, cubrir la jornada, volver muy tarde a casa, cansado, al extremo de sólo comer y dormir hasta que el reloj despertador le indicara que debía comenzar nuevamente la rutina.

No sólo el trabajo le era desagradable, también los superiores, el personal de la empresa  y todo el entorno laboral; no existía nada que apreciara, ni el trayecto de ir y regresar.

Los dos días libres que pasaba en casa intentaba dormir para recuperar fuerzas, pero algo le impedía descansar; una cosa en su mente lo mantenía inquieto, alerta, sólo reposaba a ratos. Por esa razón, siempre iba a trabajar más exhausto los inicios de semana, arrastrando su cuerpo, sin espíritu.

Dennis Rodríguez

ensel69@gmail.com

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