Cada cual tiene sus cargas que llevar, sus miedos, sus preocupaciones y situaciones por resolver. Muchas veces el sueño se va, dejándole paso al insomnio que te atormenta incansablemente, con lo que esperas resolver en tu mente.

Amanece y te das cuenta de que todo lo ves de manera diferente. Quizá es la luz del sol, el amanecer que te arraiga la esperanza. Esa amiguita traviesa que anda por allí por los rincones, que se hace notar y muchas veces la ignoras.

Esa, que te cachetea o te vira la cara para que veas que tus problemas son insignificantes ante otros. Esa, que no todas las veces se viste de verde. Esa, que se oculta en un apretón de manos o un abrazo prolongado.

Muchas veces juega al escondido contigo y, cuando la descubres, te guiña el ojo. A veces te sorprende por detrás y te desordena el cabello y sale corriendo. Esa es la que no dejaría escapar de mi vida, ha estado allí por siempre.

Lo mejor, es que no me juzga ni señala, al contrario, es mi cómplice. Hoy la voy a perseguir y la voy a sorprender. ¡Hoy ganaré yo el juego!

 

Livia Bellorín

zainabella64@gmail.com

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