02:54 p.m. | 11/08/2012 |
Reportado por: José Gregorio Rodríguez

“El encuentro de las Luces”
Y desperté al sentir que mis vellos se erizaban, por momento pensé que se debía al aire fresco que acariciaba mi rostro; pero al girar, encontré un grupo de luces inquietas por mi presencia, solo me atinè a decir: -¿Dónde estoy?- Pregunta que no encontró respuesta, pues las luces seguían en alboroto, quizás por considerarme un invasor, una especie rara. Todo resultó desconocido para mis ojos, menos Él que poco a poco se acercó.
-¿Tú?- Era Pedro Luís, mi hermano fallecido hace 4 años y dos meses.
-¿Qué haces aquí tan pronto?-
-¿Tan pronto?, ¿aquí? ¿Dónde estoy?
-En el único lugar donde es posible verme- Intenté detallar todo lo que se encontraba a mi alrededor y, encontré solo luces y un árbol sin hojas, ese lugar no tenia comienzo ni final, no existen edificios ni el ruido de los autos, no existen calles, ni se usan zapatos, solo ellos.
-¿Estoy en el cielo?- Pregunté sorprendido. -Muy cerca del cielo, a unos kilómetros muy escasos- Dispuesto aceptar mi destino agaché la cabeza y me di cuenta que yo era la diferencia, por conservar mis manos, pies y que poco a poco mi pecho se empezaba a iluminar.
-¿Estoy muerto? Grité desesperado. -Sigues vivo… Estas entre dos aguas; estas entre la vida y la muerte y solo tú decides qué camino tomar.
-Tienes una misión en la tierra y debes volver, allá te esperan, ya llegará el momento en que podamos estar todos juntos.
-Y debes volver a tierra a continuar la única Misión que tenemos todos: Vivir- Dijo Pedro Luís con seguridad.
-¿Por qué yo no soy una Luz? -Porque sigues vivo, porque tu luz sigue esperando a que regreses, aquí solo está tú subconsciente-
- ¿Y porque estoy aquí?-
-Porque todavía me quieres, porque querías verme... Sabes una cosa, Aunque abandonamos la tierra dejando un profundo dolor, Nuestro espíritu, alma, esencia como lo quieran llamar, jamás abandonamos sus corazones, claro dependiendo del amor que nos profesen… El amor es un alimento que no falla y que además nos purifica a todos- Dijo un Pedro Luís convencido.
-¿Qué me está pasando?- Pregunté desesperado.
-Ya debes volver, diles a todos que también los extraño, que también los quiero, que también siento tristeza al verlo llorar por mí, que gracias por el afecto, y que sus lagrimas nos desvanecen, son sus sonrisas las que no fortalecen-
Y ese momento abrí los ojos, sonreí.
A Pedro Luis