11:12 p.m. | 04/02/2012 |
Reportado por: Alí C. Hernández
"La Panchita"
LA PANCHITA
En 1929, cuando Valle de La Pascua (Guárico) no sobrepasaba los 10 mil habitantes, más o menos la mitad de los asistentes a un Caracas-Magallanes en el Universitario, nombrar a “La Panchita” en la casa de un enfermo pobre era igual a mencionar la soga en la casa del ahorcado.
Si el comentario llegaba a oídos del paciente, sabía entonces que sus horas estaban contadas y pedía, si aún le quedaba aliento, que le llamaran al sacerdote para irse en paz consigo mismo y los mortales.
Cuenta el historiador vallepascuense Luis Pérez Guevara en su obra La Princesa del Llano, que en aquella época en Valle de La Pascua la condición económica del difunto se “medía” por el entierro. Urna para los ricos o para quien tenía “posibilidades”, o viaje directo al cementerio en un chinchorro que colgaba de un resistente madero, el cual cargaban por los extremos dos hombres. Al muerto lo cubrían con una cobija de pelo con el lado negro hacia arriba.
La solución para el triste y deplorable espectáculo del traslado de los pobres de solemnidad a su última morada la dieron los filántropos de la Sociedad de Socorro Mutuo, copiando una idea de la iglesia caraqueña.
Se mandó a construir una espaciosa urna forrada en charol negro y la entregaron a la municipalidad para que ésta la cediera de manera gratuita y en calidad de préstamo a los familiares del difunto.
En el camposanto, el muerto era sacado de la urna y sepultado envuelto en sábanas o cobija, o con la misma ropa que llevaba puesta al momento de la hora final. La urna era devuelta a la sede de la Jefatura Civil, encargada de su custodia, hasta ser requerida por otros dolientes.
Se ignora en qué momento ni por qué el ingenio popular bautizó a la urna de los pobres como “La Panchita”. Así la pedían cuando la necesitaban.
Suponemos que una persona llamada Panchita fue la primera en usar el servicio caritativo.
Alí Hernández Carpio-CI 3.217.940-Caracas