03:12 p.m. | 15/06/2012 |
Reportado por: Eric García
A mi padre
Transcurría la primera hora de la tarde del 2 de diciembre de 2011, al verlo salir intuí que era la última vez que lo veía con vida. Así fue, papaíto murió a las 6:15 pm, el primero de nuestro seno familiar que se iba al encuentro con Dios. Es triste y el vacío es inmenso. Durante 22 años, de 1987 al 2009 por razones de trabajo no compartí el Día del Padre con él, pero en sus 2 últimos años estuve a su lado ese día. Igualmente lo acompañe en familia en sus días finales. Siempre nos recalcó la importancia de la unidad familiar no con discursos sino con su ejemplo. Cuando aquella doctora certificó su deceso todos estábamos ahí llorando su partida, hijos, hijas, nietos, cuñados junto a mi mamá. Fue un hombre humilde, noble, buena gente con un fino sentido del humor. Nunca anduvo con abrazaderas o besuqueaderas como tampoco se le vio discutiendo o peleando con nadie. Siendo un campesino logró entrar a una compañía petrolera, me contó que una prueba de admisión la aprobó con mejor calificación que unos universitarios, por eso su vida laboral la hizo como obrero petrolero. Atesoraba con orgullo su carnet de adeco firmado por Rómulo Gallegos, respetaba nuestra ideología política, enfatizaba en evitar el enfrentamiento por este motivo. No fumaba, no bebía, no jugaba dinero. Todas las tarde acostumbraba a sentarse en la acera a echar cuentos, aprovechaba cualquier descuido para piropear a las muchachas del barrio. Aún en los días que sus fuerzas se disminuían mantenía buen ánimo y pedía que lo llevaran a la acera. Sentí mucha paz al verlo dentro de aquella caja cerrada, parecía un Ángel con sus manitas cruzadas en el pecho. No fue fácil. El 3 de diciembre llovió mucho en Coro, una vez en la Iglesia y luego en el Cementerio la paz se transformó en dolor, y el dolor en llanto. Me abracé con mis hijos y lo vi por última vez, el cristal se llenó de gotas de agua. Le pedí la bendición en voz alta, antes que cerraran aquella volví la mirada sobre sus manitas cruzadas. No sé si esperaba un milagro, pero continuaban cruzadas inmóviles. Cerca de las 6 de la tarde estábamos sembrando a un gran hombre, un padre ejemplar.
Eric García
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