11:59 a.m. | 07/05/2012 |
Reportado por: Iris Fernández
Al ritmo de la esperanza
Carlitos, un niño de 6 años de edad, de tez clara, robusto, de baja estatura, un carácter alegre, dicharachero, se dirige a su colegio el día lunes, como todos los días, con un uniforme tan impecable que parecía recién comprado: camisa blanca, pantalón azul y zapatos negros y colgaba sobre su espalda un bolso escolar, donde guardaba sus útiles que utilizaba en clases. Al caminar por la acera observaba todo a su alrededor con detalles, porque le gustaba aprender algo cada nuevo sobre todo de la gente que se cruzaba con él en la calle, tal es el caso de la señora Rosa, quien tropezó sin querer con él y le dijo:
- Pero niño ¡Casi me chocas, camina por tu lado!
Carlitos la mira de arriba a bajo y a los lados y le dice:
-Disculpe Ud., mi Doñita, pero si fuese menos gordota no le pasara eso, porque mire de usted salen tres personas. Y se echo a reír, ¡jajajajaja!
La señora, un poco molesta, pero con cara de preocupación, le dice:
-Y tu niñito travieso, no me respetas, no ve que yo soy una adulta, hasta puedo ser tu abuela ¡Caramba! Vete, vete de aquí, para tu colegio, que para allá fue que saliste, no para estar molestando, en la calle
Enseguida le responde, Carlitos, con la educación que lo caracteriza:
-Pero mi doña no quise ofenderla. ¡Discúlpeme! De verdad
la señora se queda pensativa un rato y luego reacciona y le responde con el semblante un poco entristecido:
-Está bien, hijo, está bien. Sigue tu camino.
Carlitos se retira y continúa a paso lento para su escuela, pero intrigado por el tono de la voz empleado por la señora.
Al llegar a la escuela le contó a la maestra lo ocurrido, así como también a su mamá al retornar a casa.
Así, transcurrieron los días, y cada vez que carlitos se dirigía para el colegio estaba pendiente, por si se encontraba en el camino a la señora, situación que no ocurría, y esto lo preocupaba, porque de verdad sentía la necesidad de conversar nuevamente con ella.
Ya habían pasado 15 días de aquel encuentro y de nuevo Carlitos iba para el colegio muy temprano, como de costumbre, y de pronto saltó y saltó de emoción al encontrar a la señora nuevamente, pero esta vez estaba sentada en un banco de una plazoleta. Y sin esperar mucho se dirigió hacia ella y le manifestó con alegría:
-¡Caramba! ¡Caramba! ¡Al fin la encuentro!! Me tenía preocupado ya.
Y la señora al verlo, lo reconoció y le dijo:
- Y te preocupas por mí. ¿No me dijiste que estaba muy gorda?
_ ¡Claro que sí!, dijo Carlitos, pero resulta ser que hay algo en usted, que despierta mi atención, la he extrañado, sabe, a pesar de haberla visto sólamente una vez!!
- Pero bueno cuénteme, ¿qué hace aquí sentada?, ¿esperando a alguien?
La señora, colocándose las manos en la cabeza y con una tristeza y lágrimas en los ojos le responde:
- No hijo, yo no tengo a nadie, vivo sola en mi casa, mi hijo, que era el ultimo familiar que me quedaba murió hace dos años y yo estoy esperando que Dios me necesite para que me lleve al reino de los cielos
Carlitos al oírla sintió pena y se le sentó a un lado. Y colocándole el brazo en el cuello, le contestó:
- Pero, no te sientas triste. Ya me tienes a mi abuela porque no te molestas si te llamo así ¡Verdad! Porque yo no tengo. Y además y ahora que te conseguí a ti, te puedo presentar como mi familia, pues fíjate que somos de igual color de piel, no es así.
Y así los dos sonrieron y siguieron conversando, hasta que Carlitos le dijo:
-Bueno abuela, ¿Qué te habías hecho? ¿Por qué, no te había visto por aquí más?
Le respondió, la abuela:
-¡Ay papito! Estaba en la casa, me sentía mal, un poco enferma hijo, hasta fui al médico, como Dios me ayudo.
Exaltado, Carlitos le dice:
- ¿Y qué te pasó? ¿Qué te sientes? ¿Cómo sigues?
Le responde la abuela, pausadamente:
- Me he sentido como cansada, fatigada y el médico me dijo que debía tener reposo y caminar todos los días, en la mañana o en la tarde, debo bajar de peso y comer balanceado, me dio una dieta que debo cumplir estrictamente; tanto es así que cuando me fui a venir ese doctor me dijo una frase que me dejó intrigada y en este momento que la recuerdo decía así, específicamente : “el corazón del loco está en la boca; pero la boca del sabio está en el corazón”.
-Y eso que me dijo, me tiene preocupada, hijo, porque mi corazón, como que está cansado de verdad, no quiere seguir funcionando, parece un carro viejo.
Carlitos se quedó callado por unos cinco minutos, pensativo, buscando entre los pensamientos de su niñez una repuesta a aquel problema, que los sentía tan suyo ahora, pero que no encontrada tan rápido como quería, y fue así, como se levanto bruscamente y le respondió:
-No te preocupes, abuela, déjame ir a la escuela, vete a descansar a tu casa y mañana nos vemos aquí a esta misma hora, tranquilízate, que DIOS nos va a ayudar, ya lo veras. Y se retiro.
Al llegar Carlitos de la escuela, entró corriendo buscando por todas partes a sus padres, pero no los consiguió, aún no habían llegado. Decidió esperar en el comedor para recibirlos a la hora del almuerzo. Y así fue, después de abrazarlos y darles el beso de costumbre, ya una vez en la mesa, les manifestó:
- ¡Papá! ¿Será que puedo contarte algo, que me ha pasado?, ¿no te vas a molestar?
El padre le responde:
- Pero, como me va a molestar, además, tu eres mi único hijo. Yo te quiero mucho, a ver dime que te ha ocurrido en el colegio?
- No es en el colegio, dice Carlitos, es otra cosa, que te voy a decir, desde hace días, y estuve esperando el momento para explicarte. Y fue así como le narro toda la historia de la señora, y el papa, intrigado le pregunta:
- y que quieres tu que yo haga , ¿hijo?
Le contesta, Carlitos:
- Bueno papá, como tu eres medico también, será que puedes revisar a mi abuela, para ver si de verdad esta enferma, yo te la voy a traer mañana, ella me va esperar cerca de aquí, y después me voy a clases, ¡te lo ruego papá, dime que sí!, ¡anda papi!!
El padre, al ver la insistencia del niño, ante un problema de adultos, le dijo, que estaba bien, y le dio un fuerte abrazo.
Al día siguiente, carlitos se marchó hacia su escuela, muy contento. Ya que se iba a encontrar con su abuela, como él la llamaba, pero cuál sería su sorpresa, cuando ya casi estaba llegando a la plazoleta donde se verían ese día y observó que habían muchas personas como desesperadas gritando, corrió, y corrió fuerte hasta más no poder y se quedó abismado al ver que era su abuela y gritó:
- ¿Qué le pasó? Esa es mi abuela, ¿qué le paso?
La señora la tenían acostada en un banco. Y le estaban echando aire, pero ella estaba descompensada.
Carlitos, con la inocencia de niño, les dijo a la multitud:
- Vamos a llevarla a la casa, allí está mi papá, y él es médico, ¡vamos! ¡Vamos!
La gente no escuchó lo que Carlitos decía y enseguida llamaron a una ambulancia y se la llevaron para el centro de salud más cercano. Carlitos al observar esta situación, no siguió para la escuela, sino que se regresó a su casa corriendo, lloraba, sentía que se le iba alguien muy querido y le contó a sus padres que lo esperaban con la señora.
Enseguida Carlitos y sus padres se fueron a recorrer los centros asistenciales para ver dónde se encontraba la señora y en el camino el padre le pregunta:
- ¡Hijo! ¿Y cómo se llama esa señora?
Carlitos se queda callado un rato, pues lo menos que hizo durante el tiempo compartido con ella fue preguntarle su nombre, por cuanto le dio mas importancia al sentimiento que los unía, pero aun así le respondió:
- No se cuál es su nombre papá , pero yo te ayudo, sé cómo es ella, al verla te digo.
El padre, al ver la desesperación de su hijo, por primera vez, por alguien desconocido, le dijo a su esposa:
- Jamás se penetra por la fuerza en los sentimientos de un ser humano y esa señora, a quien no conozco, entró en el corazón de mi hijo.
Una vez que recorrieron todos los centros de salud, al fin la consiguieron, ya la habían evaluado, estaba un poquito recuperada. Carlitos se la presentó a sus padres. Y el señor Alberto, que asi se llamaba el papá de Carlitos se encargó de hablar con el médico tratante, que por coincidencia era un colega, compañero de estudios en la universidad, y le dijo que la situación de la señora era delicada, pues le había dado un paro respiratorio, y debía quedarse en observación en el hospital por dos días, para cumplir el tratamiento, hacerle unos exámenes, por cuanto su estado era delicado, le dio un paro cardiaco leve. Debía tener mucho cuidado con la dieta, las medicinas y caminar, pues el sedentarismo no le hacía bien por su obesidad.
Pero estaba en el dilema, quien la acompañaría en el hospital, pues no tenía familia. Situación que se resolvió enseguida la mamá de Carlitos, ella dijo que se quedaría, estaba en juego la vida y salud de una persona a quien su hijo le había tomado cariño.
Al salir de alta del hospital, Carlitos convenció a sus padres, para que se llevaran a la abuela a su casa y así ocurrió, pero con una condición que estableció el padre:
-Mire hijo Ud., me va a ayudar con la abuela, vas a ser su médico de cabecera, ¿aceptas?, estarás pendiente de los medicamentos. Que no consuma nada de grasa, todo a la plancha, sancochado, frutas, ensaladas. Esto te lo digo para que ella no invente y no coma lo que no debe.
- Sí papá, le respondió, el hijo
Fue así como comenzó la recuperación de la buela. Le compraron ropa nueva, le asignaron una habitación y la muchacha servicio de la casa le preparaba sus alimentos y la ayudaba a vestirse, así estuvo como 15 días consecutivos, con la atención esmerada, hasta que un día le dijo el Sr Alberto a la abuela:
- Bueno mi doñita, ahora le toca comenzar a caminar todas las tardes, ya está mejor, está cumpliendo con sus medicinas y dieta, pero le falta ejercitar su cuerpo. Así que a partir de hoy Carlitos te acompañará todas la tardes que está más fresco el clima para caminar hasta la plaza y se regresan de nuevo a casa, porque hacer ejercicio es saludable para la salud.
En ese momento, la abuela, quien estaba escuchando atentamente, refunfuñando dice:
- Ah no, no, no y no, yo no voy a caminar, por esas calles, a ver si me muerde un perro.
El niño al escuchar esto : le replica:
- Ud. va a caminar abue, yo te conocí en la calle y por qué nunca te mordió un perro cuando andabas sola, te va a morder ahora que voy yo, ¡no señora! ¡Ud. sí va!!, porque si no mi papá se va a molestar.
La abuela, al ver la insistencia, dijo:
-¡Está bien! Ustedes ganan, pero sin apuros, porque, no puedo correr.
El día que iban a iniciar la caminata le compraron unos zapatos deportivos bajos, monos deportivos y su franela para emprender la actividad. Muy contentos estaban los dos y cada día sentía la abuela más vigor, pues estaba haciendo correctamente lo que necesitaba su organismo y así transcurrieron 15 días, sin parar, hasta que comenzó a decir que no seguía caminando porque ya estaba bien.
-No voy más, me quedo en casa, ¡ya está bueno!
Carlitos, quien no la dejaba un segundo sola le dice, con una voz apagadita como con ganas de llorar:
-Abuelita, déjate ayudar, anda, vamos a caminar todos los días, tu corazón no te ha hablado, escúchale, préstale atención, a lo mejor te ha querido decir algo.
La señora Rosa se quedó intrigada, con lo que le dijo el niño, y se fue a dormir. Al día siguiente, bien temprano, se levantó, buscó a Carlitos en su habitación, se le sienta a un lado, y acariciándole el cabello, le dice:
-Hijo, hijo ¡Tienes razón hijo!
Carlitos aún somnoliento, sorprendido y a la vez emocionado por ver a la abuela a su lado, estira todo su cuerpecito, la abraza y le da con un beso de los buenos días, pero a la vez le pregunta:
- ¿Qué has dicho?, porque tengo razón, abuelita
- Bueno mi amor, mi tesoro, tu tienes razón, anoche tuve un sueño maravilloso. En ese sueño sentí muchas palpitaciones con una melodía muy bonita y era mi corazón que cantaba y me decía que no me rindiera, la vida me debía una experiencias maravillosas, la felicidad ha vuelto a mi ser, y que la razón de vivir es producto del sentimiento que Dios me ha dado al conocerte hijo.
-Mi corazón me habló hijo, por eso debo seguir luchando. Me resisto a morir ahora. Aún me quedan fuerzas.
Al escuchar estas palabras, el niño, responde:
- ¿Era tu corazón abue o era Dios?.
- Era mi corazón, pero a través de Dios, Padre Celestial, yo oí una voz en mi interior, nunca lo había sentido, ¡qué emoción! , me siento distinta, como si saliera de una oscuridad hacia la luz, por eso de ahora en adelante haré lo que ustedes me digan, por mi bien, ya que son lo único que tengo y le doy gracias al señor, por permitirme sonreír nuevamente a la vida, es una oportunidad, que les agradezco a Uds. también.
- Viste abuelita, por eso hay que escuchar, Dios está en todas partes y no olvida. De ahora en adelante seguirás con tu dieta, tus medicinas, que mi papá te las va a controlar y caminaremos todos los dias, pero ¿Sabes cómo vamos a caminar, abue?, ¿a Qué no sabes?
- No sé, hijo, respondió, pero dime?
- Caminaremos juntos por siempre, mi papá, mamá, tu y yo, al ritmo de una esperanza, de tenerte por un largo tiempo con nosotros.
Y fue así como continuaron llevando una vida muy feliz, todos juntos, como una gran familia, digna de ejemplo para todos los seres humanos , que enaltecen y valoran el amor al prójimo y la unión para crecer espiritual y socialmente .