09:20 p.m. | 31/05/2012 |
Reportado por: Lizeth Baptista

Angustia en el aula
Me dirigía a la Universidad de los Andes, núcleo Trujillo. Tomé la buseta que me llevaría hasta la entrada de esta casa de estudio; sin embargo, unos kilómetros antes de llegar al nucleo se encontraban varios efectivos policiales, uno de ellos indicaba que no había paso por ese lugar y los demás se colocaban sus cascos y escudos.
Los minutos pasaban mientras el sudor corría por mi cara, en medio de una larga caminata; única solución que encontré para poder asistir a clase.
A medida que avanzaba, prestaba atención a los encapuchados, quienes colocaban palos, escombros y piedras en la entrada del núcleo, obstaculizando totalmente el paso automotor. La situación era realmente repugnante.
Tras el extenso recorrido pude llegar a clase, pero con unos minutos de retraso. Había pocos compañeros en el salón, solamente se escuchaba un susurro, todos comentaban sobre sus dificultades para llegar y “lo grave que podrían estar las cosas”. Al mismo tiempo, la profesora nos pedía unos minutos para instalar el video beam, cosa que fue casi imposible, porque el aparato no quería proyectar la imagen del computador en el pizarrón.
La profesora no quiso perder más tiempo y comenzó a dar el tema del día, nos encontrábamos totalmente atentos a la clase y en silencio, cuando de repente comenzaron a escucharse como unos disparos (eran perdigones), eso nos daba a entender que la situación estaba bastante tensa en las afueras de la institución.
La inquietud se apoderaba de nosotros. Unos quisieron salir de clase e irse, otros mantenían la calma. Los sonidos eran más consecutivos y nos distraían; la docente lo notó e utilizó unas palabras con un tono de voz moderado –“No se preocupen muchachos que aquí no nos pasará nada!”.
La clase continuo hasta que horas después una de las señoras que trabajan en el área de limpieza del recinto universitario interrumpió, moviendo su mano derecha de arriba hacia abajo, con voz entrecortada llamó a la profesora y le dijo - “Profe es mejor que se vayan porque los estudiantes están quemando los autobuses dentro del núcleo”.
Rápidamente, recogimos nuestros materiales. La preocupación reinó. La mejor opción que podíamos tomar era irnos enseguida, por nuestra seguridad.