11:19 a.m. | 19/02/2012 |
Reportado por: Mercedes Solano
Aquella fiesta de Carnaval
Aquel día llegué a la fiesta disfrazada de Pantera Rosa, era una fiesta donde todos los asistentes venían con su máscaras, tapados, máscaras bonitas, máscaras coloridas, diferentes tipos de máscaras. A lo lejos vi a una pareja de esposos, ella más o menos de 65 años el de 74 años, él bailaba con ella y ella tenía una mirada triste, el disfrutaba de la música, ella bailaba, pero absorta de toda realidad, luego seguí observando a esa bonita pareja y me preguntaba para mis adentros ¿cuántas cosas habían pasado esas dos personas en su vida?, ¿cuántos hijos tenían?, ¿cuántos nietos tenían?, ¿cuántas alegrías y tristezas a lo largo de su vida? En otro momento me senté a observar a cada uno de los asistentes a la fiesta había una chica vestida de la ratoncita Minnie, su traje era espectacular, bien confeccionado, hecho a su medida, las pestañas, muy alta la chica; por supuesto, llamaba mucho la atención, pero también en su rostro había una gran tristeza, esas tristezas que se dibujan en la cara a pesar de que bailaba y se reía, pero su tristeza la acompañó toda la noche era otro traje que veía junto con ella, cada personaje tenía una historia a través de su disfraces, había una señora de diablita con una peluca ochentosa y unos cachitos que encendían y apagaban, bien atractiva, acompañada de un señor bien educado, bien plantado, se veían bien enamorados,bien cómplices en sus miradas, como bailaban, como a veces se besaban, se tomaban de la mano, era muy hermoso verlos. Luego había otra pareja; ella disfrazada de roquera moderna y el de cubano. Así concluyó la fiesta y yo estuve toda la noche observando cada rostro, cada forma, cada vida, era yo sin buscarlo una especie de psicóloga que sin querer estaba estudiando en una fiesta de Carnaval todos esos rostros y me miraba dentro de mí como un alma que necesitaba alimentarse de cada persona para seguir viviendo una noche de Carnaval, una fiesta de Carnaval, un día de Carnaval.