08:52 p.m. | 06/05/2012 |
Reportado por: Humberto Della Sala

Breve crónica de un cruce a nado en el Orinoco (segunda parte)
A mi derecha veo una chica, por los cachetes redondos pensé que sería muy joven. Se destacaban algunas pecas debajo de los lentes. Ella me vio y se reía a carcajadas, seguramente me veía muy mal pensé, cruzamos unas palabras, ella buscaba Fajardo y yo le expliqué con calma lo que nos estaba pasando y mi creencia de que sólo llegando a Fajardo podríamos tener esperanza. Llegó una compañera de la primera chica, bastante decepcionada por comprender nuestra situación, a lo que les dije sí podemos debemos llegar a Fajardo, luego de lo cual nadamos a pocos metros de distancia, ver a alguien al lado eleva mucho la moral.. Nadamos así un buen rato, calculo que 20 minutos, nadar y verificar el rumbo, nadar y verificar el rumbo. Fajardo no se acerca. Un grupo viene por la derecha, los veo un rato, pero pasan adelante, los veo e intento nadar con ellos.. No es fácil pero no hay más nada que hacer. Nadar y verificar el rumbo, nadar y verificar el rumbo. Una
lancha que está en la punta de Fajardo se ve más cerca... ¿Se habrá movido? ¿Seguirá en la punta? Nadar y verificar el rumbo, la lancha esta más cerca, veo gente parada en la punta de la isla, aún están lejos, mis compañeros están adelante. Aun estamos lejos, pero sí nos acercamos, ¿será que está salvado el cruce? Llegué a Fajardo es increíble no pensé que llegaría ese momento. la gente en la orilla me grita hora y media te tienes que salir, tremendo recibimiento, yo miro mi reloj y los corrijo, una hora y quince, estoy bien, sí puedo. Los vigilantes de la orilla quedaban atrás ya tenía claro lo que debía hacer, remontar Fajardo para lograr llegar por arriba a la meta.. Ya no había apuro, estaba seguro de poder llegar, increíble lo había logrado. Sabía que luego de dejar Fajardo había un evento que aguardaba, la corriente del canal de navegación en el lado del Caroní es semejante a un tobogán de agua, el río lo puede arrastrar a uno rápidamente, esa corriente debería ser mucho más fuerte esta vez, no puedo imaginarla
pensé, "pero el único seguro que conozco es remontar por el lado sur de la isla... Remontar todo o que se pueda", sigo detrás del grupo que me trajo hasta Fajardo ellos han llegado a un peñero grande que aún está a unos 200 mts de mi, yo pienso llegar hasta allá. Muy cerca del peñero me alcanza Pedro, la cara de la organización, en una lancha. Él me dice con autoridad que todo terminó, que debo abandonar, creo que lee muy bien mi rostro, el prosigue, "No te sientas frustado.." Lo interrumpí, pase por la punta del peñero mientras le decía, Pedro yo puedo llegar, voy a intentarlo... Él no quedó muy contento y llegué a oír, te doy 10 minutos para ver a dónde llegas, estaba loco Pedro, yo ya pasé, llegué a Fajardo y ahora estoy protegido por haber remontado el Caroní. Adelante nuevo rumbo capitán, el estadio Cachamay, el sol
brillaba, no había cansancio, ya no me importaba la hora, ¿habrá llegado Leopoldo? ¿dónde estará Gisel? ¿Dónde estarán los panas? Nadar y verificar el rumbo, nadar y nadar, todo muy bien, adelante el Cachamay sobre la montaña, que bueno que pude pasar, que gran reto remontar el Orinoco pero lo pude superar. Muy cerca debía estar el canal de navegación, pero seguía nadando y no sentía ningún cambio en la corriente, todo parecía estar bien, ¡qué alegría! Pude pasar, aún no llego, pero puedo saborear el sabor de la llegada, pasar por el cono y debajo del sensor que marca el tiempo de llegada en presencia del chip que llevamos en la muñeca, uno se siente como un superheroe. ¿Dónde estarán los amigos? ¿Habrán podido pasar el Orinoco? Levanto la cabeza para verificar el rumbo y veo algo que no esperaba ver, la boya verde que esta justo debajo de Fajardo, una marca de la ruta normal del cruce. yo esperaba estar mucho más arriba resguardado en la seguridad de la distancia. Frente a la boya quedé petrificado, el tiempo se detuvo, comenzaron a pasar lanchas y escuchaba, tienes que salir, ya se terminó, levanté el brazo y miré la hora, una hora y cuarenta y seis minutos, pasó una lancha y me gritaron, esta es la última lancha. Ya no vas a llegar, móntate. Yo seguía petrificado frente al hito verde que subía y bajaba a merced de las olas que no debía estar ahí. Me monté en la lancha bromeando con dos niños pequeños que acompañaban a otros 3 adultos. al subir les dije.. No lleven la barriga cuando crucen el río.. Los niños me veían y al rato me preguntaron que si se podía quitar la barriga. El joven al mando de la lancha trataba de consolarme contándome que habían conseguido casi por casualidad a un chico joven muy abajo en el río casi desmayado, me lo repetía y agregaba detalles como para hacerme ver lo "suertudo" que yo era. En lo que pareció un segundo estaba llegando en la lancha a la zona de llegada, me bajé y me colocaron la medalla de participación. Pude recordar las veces que otros amigos me contaron cosas similares y era ahora cuando comprendía muchas cosas. Sólo puedo decir que me sentía muy contento de estar ahí luego de 5 años y volver a sentir que era un nadador.