Alexa
Bienvenidos a Tu Voz.
Te invitamos a registrarte
Logo echa tu cuento
 
08:37 a.m. | 08/08/2012 |
Reportado por: David Sequera
Dueño de nada
“Cuantas veces tocó mi mano aquella luna de miel marina”
Pablo Neruda. Una casa en la arena.


La débil muchacha sudaba bajo la luz opaca de aquel ranchito venezolano. La comadrona llevaba toda la noche tratando de traer con vida a ese muchachito de sus entrañas. Un último esfuerzo, una fuerte contracción y ese grito de dolor único de esa mujer que pare con penalidades.

Era un bello niño, flaco, melancólico, de nombre Lorenzo, heredero de todas las debilidades propias de un embarazo difícil, sin hogar, sin un consejo, sin un papá que respondiera, contando sólo con la protección que Dios da a estos a estos hijos semi huérfanos. Creció así, en medio de la pobreza, en un barrio de la zona sur de valencia, donde pululan los malandros, las latas de zinc y la luz robada. Lorencito, así lo llamaban, era dueño de nada, sólo a su madre tenía y tres hermanos que rondaban su edad.
El agua del espaguetti era su tetero diario, acompañado de ronquidos en su estomagüito, sin saber nunca lo que era una indigestión. Durante las noches, cuando los gatos son dueños de lo alto de las paredes el pequeñito se acercaba a Malena, una perra vieja y fiel como todo perro de rancho, y allí calmaba su hambre.
Todos los días iba a la escuela, Lorencito iba creciendo. Un día de sol, mientras Lorencito escribía sus garabatos, llegó a la escuela un grupo de estudiantes universitarios con el fin de aplicar una prueba para medir el coeficiente intelectual de algunos niños. Lorenzo fue uno de ellos. Los resultados fueron dados a los maestros y éstos a los representantes. Lorenzo obtuvo el porcentaje más bajo de todos los niños.

Él nunca se había destacado en la escuela, sus cuadernos eran gallineros y sus trazos en papel eran propios de un cuadro surrealista. Sin embargo Lorenzo tenía una excelente maestra, ella le acariciaba la cabeza y a veces le daba de su merienda. Una vez la mamá de Lorenzo lo fue a visitar y le llevó unas lolitas: una chuchería de maíz inflado dulce parecido a las cotufas. La maestra habló con ella y le comentó que Lorenzo se robaba las meriendas de los demás niños.

La madre, apenada, bajó la mirada apretando el billetico viejo de 2 bs que tenía como pasaje de vuelta. Era una maestra mayor, de buen corazón, de la vieja escuela, como dicen. Cada día le decía a Lorenzo, mientras éste trataba de resolver unas cuentas de sumar: ¡Eres inteligente y serás grande! Lorenzo no comprendía sus palabras pero su corazón se alegraba cuando ella le hablaba.

Entre lágrimas y risas Lorenzo iba creciendo, llegó al liceo y, sin ser el mejor, iba como el morrocoy: lento pero pa´lante. Así, sin darse cuenta llegó el día de su graduación de bachiller. La madre de Lorenzo, ya anciana y encorvada de tanto lavar ropa y pegar cierre no lo podía creer. Lugo de ello, Lorenzo presentó la prueba en la universidad como la mayoría de los estudiantes venezolanos, sin ningún amigo o familiar médico que lo apadrinara, y quedó para sorpresa de todos. Estudió y se graduó nuevamente de médico cirujano. Tiempo después Lorencito tuvo su bella familia, sus hijos y una buena esposa. En fin todo lo que un hombre de bien puede desear.
Un día Lorenzo regresó a la escuela de su infancia para realizar una jornada de vacunación a la población escolar. Su vieja madre lo quiso acompañar. Al acercarse al vetusto galpón de oxidado techo se sintió emocionado. Allí estaba la maestra, vieja y dulce, más que jubilada, pero nunca quiso dejar su escuela y seguía allí enseñando a los niños. Lorenzo, se le acercó y la abrazó. Ella sin reconocerlo del todo hizo lo mismo, y ambos lloraron de alegría. Luego, la madre de Lorenzo, mientras éste hacía su trabajo, se le acercó a la maestra y le preguntó:
- ¿Como un niño con un intelecto tan bajo pudo llegar tan lejos?
La maestra sonrió, mientras acariciaba la cabeza y enseñaba las letras a un niño lento y distraído, y le respondió:
- Yo solamente le hice creer que él era inteligente.
Ambas sonrieron y se quedaron en silencio acariciando al pequeñito.



Compartir esta pagina en: Agregar Digg Agregar Facebook Agregar MySpace Agregar StumbleUpon Agregar Delicious Agregar Live Agregar Twitter


ATENCIÓN. No se permite la publicación de mensajes violentos, ofensivos, difamatorios o cualquier contenido que infrinja lo estipulado en el artículo 27 de la Ley de Responsabilidad en Radio, TV y Medios Electrónicos. Antes de escribir tus comentarios lee las Normas de Participación en ÚN.


comments powered by Disqus

Ingresar Sesión


   ¿Olvidó su contraseña?

Consejo de Lectores



Teléfonos de Emergencia
telefono rojo 171
Sistema Integral de Emergencia
telefono rojo 0800-lluvia (558842)
Protección Civil
telefono rojo 0800-temblor (8362567)
Funvisis
telefono rojo *911
Emergencia Movistar
telefono rojo *1
Emergencia Movilnet
telefono rojo *112
Emergencia Digitel                      
Ver más
footer emergencia