08:38 p.m. | 15/02/2012 |
Reportado por: Yeffelson Colmenarez
El clavel rojo
Los padres de Valeria la comprometieron con un joven adinerado. La academia de ballet a la que pertenecía la eligió para encabezar la nueva versión de Cenicienta. Se presentaba todos los domingos en el mejor teatro de la ciudad y siempre al final de la presentación alguien le arrojaba un clavel blanco, ella nunca pudo ver quién los lanzaba porque el foco la encandilaba. El día que se presentó por última vez Cenicienta, ella pidió al iluminador que al final de la función enfocara al público; su familia incluyendo a su prometido estaban en primera fila esa última noche, Valeria bailó como nunca y al terminar, de pronto, vio a su exnovio Damián que le arrojaba un clavel…, pero esta vez no era blanco como de costumbre, era un clavel rojo, ella lo recogió y al mirar nuevamente al público se dio cuenta que él ya no estaba en el mismo lugar, giró su mirada a la puerta y vio cuando este salía. A Valeria no le importó nada, se bajó del escenario y corrió tras él. Cuando lo alcanzó estaban en una calle, ella no se contuvo y le dijo que lo amaba, él agachó la cabeza y con la voz entrecortada le dijo que él se había casado luego de que ella lo abandonara. Valeria enmudeció por unos segundos hasta que recuperó la voz y le pidió que se marchara para siempre.
Ella llegó a su casa, se encerró en su cuarto, sacó debajo de la cama un pequeño baúl donde guardaba todos los claveles blancos que ya estaban marchitos y habían cambiado de color, lo abrió y bañada en lágrimas dejó caer el clavel rojo sobre los demás claveles que ya estaban amarillentos. Valeria decidió que no quería seguir viviendo, salió de su casa y subió a un taxi, le pidió al taxista que la llevara al puente más alto de la ciudad, al llegar se acercó a la orilla del puente, cerró sus ojos y empezó a danzar hasta que sus pies estaban en el aire, su corazón en la tierra y su alma en el cielo, ella cayó y murió.