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11:53 a.m. | 27/07/2012 |
Reportado por: Osman Aranguibel
El dato




Esa mañana me encontraba en la oficina cuando entró una llamada de teléfono era mi papá que me invitaba al hipódromo de La Rinconada, ya que tenía un dato fijo que le había dado un jinete y era una oportunidad que no podíamos desperdiciar, me pidió que consiguiera el dinerito que pudiera porque sería por un día, a lo sumo, porque esos datos eran imperdibles, yo después de sopesar la oferta le pedí a la cajera de la empresa que me prestara algodón y llegado el mediodía hora fijada para el encuentro salí raudo y veloz para la cita, mi papá me estaría esperando en los alrededores del hipódromo en un lugar convenido, dicho y hecho luego de estacionar el carro me dirigí al punto de encuentro y aunque lo tuve que esperar, al ratico divisé a mi papá que lentamente se acercaba, una vez que me explicó cuál sería el plan a seguir buscamos los mejores lugares y nos sentamos a esperar que se diera la carrera, una de las últimas válidas del programa para ese día, mientras nos entreteníamos viendo el desarrollo de las carreras y la locura que se desarrolla alrededor, lo cual es un espectáculo digno de ver; aunque sea una vez en la vida, le propuse a mi papá que comiéramos ya que no había almorzado y recuerdo que me dijo que ya tendríamos tiempo para eso, pero que por lo pronto no malgastáramos el poco dinerito que entre los dos habíamos juntado, para que así fueran mayores las ganancias, mientras continuaba el delirio de los jugadores con sus apuestas y carreras de última última hora para colocar las apuestas en las taquillas, los tipos de las bancas con las manos llenas de billetes gritando a todo pulmón sus ofertas, un verdadero pandemonium, recordé con terror el día que me fui al hipódromo con el primo Lony , según él ponernos en un billetico, luego de un par de apuestas afortunadas, el primo se fue al baño y me dejó parado junto a un tío de él, fanático de las apuestas, y al no encontrar al Lony me dio a mí un fajo de billetes para que se lo apostara a un determinado caballo y yo de lo más neófito en la vaina no logré concretar a tiempo la apuesta, el terror que le vi en los ojos a mi primo cuando le conté lo que pasaba en pleno desarrollo de la carrera y con el caballo al que tendría que colocarle la apuesta punteando la misma, al punto que me pidió que nos fuéramos del lugar porque el tío nos mataría si ganaba, Dios gracias en la última curva el bendito caballo disque perdió las pilas y llegó mas atrás que la ambulancia, cuando le contamos al tío lo que nos había pasado recuerdo que se paró y cuando pensé que me zamparía el primer coñazo me abrazó y agradeció por salvarle ese fajo de billetes, regresando al dato de mi papá, a medida que se acercaba la carrera crecía en nosotros la angustia, el hambre y la duda de cuanto seria la ganancia, ya que a mi papá le habían asegurado que ese mocho de caballo ese día haría millonario a más de uno, cuando le insistía a mi papá con lo del arrocito chino que vendían; además muy barato, para mitigar el hambre; solo me pedía paciencia que ya vendrían comilonas exquisitas con los churupos que tendríamos, mi papá recuerdo que me pidió que fuéramos al lugar donde se preparan los jinetes con el fin de hablar con el pana de el para asegurar que el dato era imperdible y así el muy hijo puta nos lo aseguro, recuerdo que dijo jueguen todo, que no se arrepentirán de este día, así la aprehensión creció más y aunque el hambre arreciaba la recompensa lo valía, la locura crecía y el desespero entre los jugadores se hacía evidente, todos como enloquecidos por las ganancias obtenidas unos o la bancarrota de otros que los hacía expresarse de las mas locas y disparatadas formas, yo por lo pronto y como no estaba acostumbrado a este mundo realmente me encontraba muy intranquilo y nervioso, poco a poco se fue acercando la carrera en la que tendríamos la oportunidad de sacar un dinerito, hasta que nos tocó y mi papá recolectó todo el dinerito hasta el del pago del tiquete de estacionamiento y se dirigió a las taquillas donde apostó todo a ganador, nos quedamos completamente limpios de bola, y empezaron los preparativos para la largada, con el cuadre en el aparato de salida de los ejemplares, algunos más nerviosos que otros, pero al fin poco a poco fueron entrando en cintura todos menos, jajaja, el de nosotros, ¡qué bolas!, por más que trataban no entraba en el aparato, y empezó la angustia, el coño caballo se negaba a entrar y dale pa’ trás y pa’ lante y que si se soltaba y corría y lo regresaban y nada y mi papá y yo sudando más que el coño, por los parlantes anunciaban ya la partida, pero con demoras por el chingo ‘e caballo que no quería por nada entrar pa la vaina, pero y a pesar de la negativa del mismo y después de varios minutos a coñazo limpio entró y cuadró el puto caballo, cuando se dio la partida el mismo salió disparado como un cohete y de una se puso de primero, en los primeros metros el caballo se veía sobrado y volaba por la pista, mi papá no paraba de gritar de alegría aupando a nuestro caballo era una carrera larga como de dos mil metros o mas ya con el tiempo no lo recuerdo exactamente, solo que a medida que se desarrollaba la carrera nuestro caballo le sacaba más ventaja al resto de los competidores y nosotros más contentos que el carajo, así transcurrió la primera parte de la carrera todo según lo explicado por el jinete a mi papa, y ya llegando a la última curva nuestro caballo no tenía pérdida y era en ese sitio donde el jinete según sus propias palabras le daría el corrientazo al caballo con unas pilas acomodadas estratégicamente en un lugar solo conocido por él, es el caso que saliendo de esa última curva y aunque estaba a la cabeza de todos perdió empuje y poco a poco se fue quedando rezagado siendo rápidamente alcanzado por el resto de los competidores quienes uno a uno lo fueron pasando terminando nuestro caballo de ultimo, mi papá quedo atónito y de un pálido que pa’ que les cuento, yo no solo no entendía que había pasado sino que ya no comería arrocito chino ni tenía con que sacar el carro del estacionamiento, malaya sea no joda, cuando tuvimos conciencia de lo que nos había pasado entramos en shock, pero ya no había nada que hacer, despertamos de la triste realidad y solo el encuentro de un viejo amigo de mi papá resolvió el peo del estacionamiento, por eso siempre creo que el juego es como el crimen, no paga jajajaja ¡Qué bolas!

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